Son diversos los bares y bodegas icónicos de Barcelona que han bajado la persiana en los últimos tiempos. Es el caso, por ejemplo, de la bodega Peña o de la Bodega Carlos, dos de los establecimientos con más solera de la ciudad, entre otros muchos dramáticos ejemplos.

Ante este de goteo constante de clausuras, más allá de la apertura en los últimos años de establecimientos con una estética y filosofía vital a imagen de los de toda la vida, hay algunas bodegas que todavía resisten el continuo envite de la gentrificación y de una pandemia que no termina por pasar de largo por nuestras vidas. Son la resistencia. Y sus propietarios, auténticos héroes.

Bodega Quimet

Es una de las más icónicas de Barcelona. Inaugurada en el barrio de Gracia en 1954 y regentada desde 2010 por los hermanos Carlos y David Montero después de cuatro décadas en manos de la mismas familia. Se trata de un precioso bar de suelos hidráulicos, sillas y toneles de madera, mesas de mármol blanco y un buen número de reliquias históricas colgando de sus paredes. Aquí se viene a tomar cañitas, vinos y vermuts –el de la casa es más que recomendable–, acompañados de algunas de sus fantásticas conservas o de alguna tapa de charcutería.

Foto: Adriana Eskenazi

Bar Leo

Otro de las bodegas de irrenunciable peregrinación tanto para residentes en Barcelona como para visitantes de de la ciudad que se acercan hasta la Barceloneta para disfrutar con sus tapas y vinos incunables. Todo ello arropado por la música, el ambientazo y una peculiar decoración a base de fotografías que homenajea al rumbero Bambino, pero también de la propietaria del establecimiento, Leo, y su familia. Te sentirás como en casa (o includo mejor).

Foto: Adriana Eskenazi

Vermutería del Tano

Bodega emblemática ubicada en el corazón de la Villa de Gracia, en la esquina de Joan Blanques y Bruniquer, y que –como su nombre indica– está regentada por el Tano. Aquí se conserva todo el sabor y el ambiente de los bares de antaño. Se mantiene intacta la estética típica de este tipo de establecimientos –mesas de marmol, suelo de terrrazo, neveras de madera…–, pero con la sigularidad de contar con una inmensa colección de relojes. El vermut de la casa es Perucchi y los aperitivos de lata de gran calidad: berberechos, anchoas, boquerones, mejillones, almejas, navajas… y sus irresistibles banderillas de alcachofas, claro.

Bodega Cal Pep

Esta taberna clásica, que continúa hoy al pie del cañón, toma su nombre del que fuera su propietario, Pep, durante 49 largos años, concretamente entre 1937 y 1986. Hoy al frente se encuentra Rafael Ortiz, que en realidad lleva toda la vida entre estas paredes, despachando vermut de la casa, latas de conserva y sabrosos bocadillos. Y es que en cierto sentido el tiempo parece que se ha detenido en esta casa: un auténtico oasis de autenticidad en el barrio de Gracia, inmune a las modas pasajeras o a la impostura retro de cartón-peidra.

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