¿Estás harto de revolver en el cajón para encontrar un cuchillo? ¿O de vaciar un armario de la cocina para sacar una olla? ¿Nunca encuentras la tapa del dichoso tupper? Tal vez ha llegado el momento de poner orden en la cocina. Si eres de los que ya ha seguido las indicaciones de Marie Kondo y tienes únicamente 30 libros en tus estanterías, tal vez este artículo no sea para ti, pero muchos aún no han hecho el ejercicio de saber poner en orden su cocina.

Si te abruma la idea de darle la vuelta a la cocina entera, puedes dividir esta tarea en tres partes: utensilios de cocina, productos de limpieza y alimentos.

UTENSILIOS

Los utensilios se dividen en dos: los que se ven y los que no. Todos importan, pero empieza con lo que más salta a la vista: lo que está en las encimeras, las estanterías y las mesas.

Marie Kondo es de las que recomienda liberar completamente las superficies de trabajo en la cocina, además de que evitarás las molestas salpicaduras que acaban manchando de grasa los objetos más cercanos a la cocina. Con una encimera despejada, la cocina se verá más ordenada, tendrás más espacio para trabajar y será más fácil limpiarla. También es importante retirar de la vista todos esos pequeños electrodomésticos que sólo acumulan polvo: una licuadora o una tostadora que no usas más que una vez al mes cumple la misma función metida en un armario.

Lo que no se ve requiere un esfuerzo mayor. Sobre armarios, cajones y estanterías hay que aplicar el método del vaciado completo. Y cuando decimos completo es completo. Cuando los cajones, las alacenas y los armarios de la cocina estén despejados tienes que ordenar los objetos por clases: platos, tazas, vasos, cubiertos, cazos, ollas, sartenes y así con el resto de utensilios que has ido acumulando. El objetivo, más que desechar lo que no usas, es plantearlo al revés: escoge aquello que realmente quieres conservar. El resto, lo que no usas, no necesitas o no funciona, caerá por su propio peso.

Una vez que tienes los objetos clasificados y has hecho la criba de lo que te quedas, podrás empezar a pensar dónde colocar cada uno. Hazlo con sentido común: lo que más usas, ponlo a tu alcance. Lo que menos, puedes mandarlo al fondo del cajón.
Si cada objeto tiene su lugar y cada vez que acabas de usarlo lo devuelves a su sitio, no habrá lugar para el desorden.

Para conseguirlo debes agrupar y guardar los objetos por categorías. Por ejemplo, los utensilios de cocción en un armario (cazuelas, ollas, sartenes…); los tuppers en otro; los cubiertos y pequeños utensilios en cajones. Para aprovechar mejor el espacio, apila las ollas y cacerolas unos dentro de los otros y las tapas, si es posible, en vertical. En cuanto a la vajilla y a la cristalería, la manera básica de ordenarlas es dividiendo el armario en una zona con piezas de beber y otra con las de comer. Los trapos, manteles y servilletas también deben estar limpios y clasificados.

ALIMENTOS

Para ordenar la despensa sigue el mismo procedimiento que con los cacharros: vacíala por completo. Revisa las fechas de caducidad y desecha todo lo que esté pasado. Clasifica los productos por categorías, valora cada paquete y cada bote y separa los que usas habitualmente de aquellos que empleaste usaste una vez, y decide si realmente volverás a utilizarlo.

Y con la nevera, lo mismo. Vaciar el frigorífico al menos una vez a la semana te ayudará a evitar que se acumulen botes de mermelada caducada o alimentos echados a perder en el fondo del cajón. Tener constancia de los ingredientes de que dispones te facilitará la tarea de planificar mejor los menús. Apunta en una libreta o una pizarra lo que tienes y lo que te falta. Economiza esfuerzos y no hagas la compra sin pensar.

ÚTILES DE LIMPIEZA

Los productos de limpieza también son útiles precisamente en periodos excepcionales. La higiene es fundamental para mantener los gérmenes a raya. Lo más conveniente es guardarlos debajo del fregadero, incluido el lavavajillas o el estropajo que usas habitualmente. Vuelve a hacer inventario y coloca los productos seghún el uso que les des. Existen muchos organizadores extraíbles, pero no se trata de acumular, sino de conservar los que de verdad utilizas.

Otro consejo de sostenibilidad: lo que hayas decidido desechar, no lo tires a la basura sin más. Lo que tú ya no quieres puede venirle bien a algún familiar o amigo. Si no, busca asociaciones benéficas que puedan necesitar esos utensilios. Y cuando hayas donado todo lo posible, guarda el resto para reciclar adecuadamente en algún punto limpio de tu ciudad.

Y por último, pero no menos importante está la mesa. Un mantel limpio y bien planchado y unas servilletas de tela, pueden enriquecer la hora de comer. Cuando hayas acabado estas tareas no descuides el resto de detalles: sentarse a la mesa con cubiertos y platos bonitos en un ambiente agradable es clave para que ese momento sea mucho más placentero. Y si es en buena compañía, mejor.

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