Cuando te encuentras en tu restaurante con la visita de un gran chef, como Ferran Adrià, lo primero que te viene a la cabeza es ser un buen anfitrión y ser tú mismo. Está claro que el peor error que podemos cometer es salirnos de nuestra línea o estilo de cocina para tratar de sorprender a quienes llevan años cocinando y son considerados como grandes chefs.

Normalmente, al igual que con cualquier cliente que atendemos, debemos analizar si la visita es de trabajo, compromisos o es personal. La diferencia es importante, tenemos que  facilitar con la comida el objeto de la misma, si se va a hablar de negocios o de proyectos de trabajo, debemos dar un paso atrás y dejar el protagonismo a quien lo tiene, y la comida no puede ser la actora principal en este caso.

Debemos, en definitiva, facilitar, conseguir el ambiente óptimo y lograr un equilibrio con un menú rico y fácil, dónde quien realmente sabe entenderá en qué momento te encuentras. Ante todo fuera egos y nunca trates de sorprender y ser el protagonista.

En el caso de Ferran, al que he tenido la suerte de dar de comer en algunas ocasiones, os puedo decir que es la persona más sencilla y entrañable con la que te puedas encontrar. Él sabe cómo es este oficio y es el perfecto cliente: amable, educado y generoso con todos.

Y como él, exactamente ocurre con el resto de grandes profesionales a los que  les he dado de comer durante todos los años al frente de La Tasquita. Andoni, los hermanos Roca y tantos buenos amigos durante todos estos años que nos han visitado y nos han hecho el honor de pasar por la que es su casa.

Seguramente es más difícil dar de comer al cliente que se ha enterado de la visita de alguno de estos grandes chefs por la prensa, ya que luego ellos van a visitarte y tratan de ver más allá, de donde nadie se fijó.

Es en definitiva dar de comer a un compañero, lo que siempre es motivo de alegría y de satisfacción para todo el equipo. Y motivo de orgullo, por todo el trabajo que se viene realizando. Sinceramente, aunque hagamos lo que sabemos y lo de siempre, en el fondo –no vamos ha engañarnos– hay algo de nervios y la responsabilidad siempre existe… Porque que venga un cocinero a comer, y en particular Ferran Adrià, es sobre todo una gran responsabilidad.

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