Que un arroz no quede ni demasiado suelto ni demasiado seco es una tarea tan fácil como difícil. Mientras probamos y decidimos si hay que dejar el arroz cocer cinco minutos más o retirarlo en el acto, la textura del mismo ya ha cambiado a un estado que no te hace ninguna gracia; por eso hoy te decimos cómo conseguir un arroz meloso sin la necesidad de tener que  sustituir el tenedor por la cuchara.

La costumbre de hacer arroz meloso, en nuestro país, llega de Valencia y consiste en encontrar el punto exacto entre un arroz seco y un caldoso. Justo ahí, en esa brecha que tanto nos desespera, radica el arroz meloso.

En el resultado final no tiene que haber caldo, sólo una textura untuosa, como un risotto pero sin nada que ver.

Hoy lo conseguimos gracias a estas pautas que tan fácil nos van a hacer las cocciones de arroz.

El primer error que cometemos para conseguir un arroz meloso es valernos de nata, leche o harina. Estos ingredientes se utilizan en el risotto, pero no en los arroces melosos, los cuales se consiguen, únicamente, con no dejar de remover el arroz.

Si vamos a acompañar el arroz con otros ingredientes, lo más normal, el punto de melosidad del plato final jugará un papel importante en la cocción de las verduras con las que se acompañe el arroz. Aquí tendremos que usar un sofrito que quede suelto, sin excesivo aceite y agua, pero con sustancia.

Las salsas tienen que tener cuerpo para que no tengamos que intuir el tomate triturado o el curry que hemos añadido. Así, tenemos que notar en la misma cucharada la unidad entre el arroz, la salsa, las verduras y el caldo.

La elaboración de un plato meloso de arroz se resume en estas medidas: 3 porciones de caldo por cada porción de arroz.