¿Todo vale con tal de reducir la grasa del chocolate menos puro? La respuesta parece ser afirmativa.

De sobra sabemos que el chocolate negro, el puro, es, además del menos dañino para la salud, el recomendado por los médicos para saciar las ganas de azúcar. De hecho, hasta nos recomiendan consumirlo a diario y nos prohíben su eliminación de las dietas diarias pero, ¿qué ocurre con el resto de chocolates, generalmente más apetecibles? Que engordan, son fuentes de grasas saturadas y nunca sacian porque siempre queremos más. Tres premisas que llevan a los expertos en alimentación y científicos a buscar una solución para no dejar de consumirlos, pero sin asimilar sus desventajas, que son muchas.

Y aquí es el momento en el que entra en juego la electricidad, que nada tiene que ver con meter los dedos de una mano en el enchufe mientras en la otra sujetamos una onza de chocolate con leche, por ejemplo.

La relación que une al chocolate con la electricidad es más profesional que todo eso: se trata de un mecanismo, reología, que consiste en el empleo de esta técnica para conseguir chocolate mucho más rico y con menos grasa.

De esta manera, un grupo de investigadores de la Universidad de Temple, Philadelphia, ha concluido que la reología, la rama física que estudia la relación entre la fuerza y al deformación, es el mejor mecanismo para conseguir un chocolate más sano, valiéndose de un campo eléctrico para modificar la fluidez de este alimento, de ahí su nombre: elctroreología.

¿Y cómo? Reduciendo su viscosidad para reducir su porcentaje de grasas. Aplicando un campo eléctrico de 1.600 voltios por centímetro en la misma dirección que la del chocolate líquido, se reduce en un 50% su porcentaje de viscosidad, lo que equivale en un 10% menos de grasa.

Y si hay menos viscosidad hay más libertad natural para saborear sus aromas, así que nos sabrá más rico.