Llevamos tiempo buscando un sitio para quedar que sea perfecto para cada ocasión. Algo así como el Central Perk de Friends o el McClaren’s de Cómo conocí a vuestra madre pero en Madrid. Un lugar donde reunir a todos los amigos o familiares no suponga un quebradero de cabeza, de llamadas interminables, grupos de whatsapp echando humo y cambios de planes hasta el último minuto. Echabamos de menos eso de quedar «donde siempre», donde te sientes como en casa y donde ya conocen tus debilidades (o te crean otras). Cuando llegamos a Castizo de Sagasta supimos que habíamos dado en el clavo. Y es que Castizo es una gastrotaberna de las de «toda la vida» pero renovada, traída al siglo XXI.

Las tabernas y casas de comidas de Madrid son un emblema gastronómico de la ciudad, una seña de identidad. Son locales -normalmente de un metro por un metro- donde las cañas, el vermú, los vinos y las tapas conviven con los parroquianos que apoyan su codo en la barra marcando territorio. El ritmo es frenético pero sientes que ahí, entre doble y doble, es justo donde hay un parón de la vida cotidiana.

Ese concepto de local en el que siempre se puede confiar, donde no hace falta ni que mires al camarero para que te sirva una cerveza fresquita y bien tirada es el que ha inspirado Castizo. Una forma de ver la taberna «de siempre» desde la modernidad del siglo XXI.

Salón de Castizo Sagasta, Madrid.

Al entrar en Castizo de Sagasta lo primero que llama la atención es el espacio en sí. La barra es el corazón de una sala decorada con una estética que recuerda a antaño pero desde los elementos más contemporáneos. Una enorme pared decorada con botes, latas, botellas y madera nos da la bienvenida a una planta de mesas altas. Y aunque es el lugar idóneo para el aperitivo, las raciones y el tapeo; para eso de «tomamos algo y vemos» nunca sentirás que te falta hueco (algo que buscan muchos clientes después de la crisis sanitaria). Además, si lo que quieres es algo más de intimidad cuentan con un reservado, un espacio algo más pequeño al lado, ideal para celebraciones, y un salón de comidas en la planta de abajo.

Pero os seremos sinceros, lo que de verdad nos tiene enamorados es su cocina. De ella salen platos que muestran un enorme respeto por la materia prima. ¿Una prueba? El grupo Larrumba-Carbón está intentando que sus productos sean de proximidad, por eso en Castizo de Sagasta cuentan con productores locales que trabajan en los alrededores de Madrid.

Conservas, chacinas y embutidos desfilan en una carta en la que no
puede faltar el mejor marisco
. Mariano Marrero, el chef ejecutivo del grupo, ideó una propuesta que nos transporta a nuestras raíces con raciones y medias raciones -para qué discutir- principales y deliciosos postres.

Nosotros comenzamos en la barra con un aperitivo regado con cócteles. Pincho de tortilla con cebolla roja, melosa y realmente de las de toma pan y moja; cecina curada de León con almendras, gildas y patatas fritas gourmet fue nuestra primera toma de contacto. Lo acompañamos con un Charly’s vermut, aunque también es muy recomendable su Bloody Moreno.

La comilona siguió con un menú de platos fuertes, a cada cual más rico. Como entrantes: ensaladilla rusa de gambas y croquetas de jamón ibérico. El marisco, pieza clave de la carta, tampoco faltó con las zamburiñas gallegas a la plancha y las cigalitas a la parrilla con refrito de ajo y guindilla. Se nos caía la baba.

Chuletitas de cordero, Castizo Sagasta. Madrid.

Seguimos probando la cocina caliente de Castizo Sagasta con el arroz campurriano de pollo de corral, la menestra de verduras con jamón ibérico y huevo pochado (hecha totalmente con productos km 0), unas chuletitas de lechas a la sartén y la merluza de pincho con refrito. Toda una declaración de intenciones de una cocina de taberna con las tendencias gastronómicas más modernas.

No, no penséis que no tomamos postre. Porque aunque no nos veíamos capaces de probar nada más, dicen que el dulce va al corazón y esté nos llegó de lleno. Su flan es de los más cremosos que probaréis en la capital, su tarta de queso con el sello de Carbón es para repetir, igual que la torrija (además estamos en plena época).

En definitiva, si tienes una quedada pendiente, un aperitivo, un tardeo, copeo, quieres ver un partido de fútbol o celebrar tu cumpleaños, no te lo pienses más. Castizo Sagasta es una gastrotaberna de las de toda la vida pero renovada, porque ningún local es igual a otro aunque todos mantengan la esencia. Y más castiza que El Madrileño, ahí es nada.

Bonus track

No dejéis de probar sus sugerencias fuera de carta, sus platos de cuchara durante la semana y su cocido madrileño los domingos. Un plan que si no eres madrileño te convertirá en uno a la primera cucharada.

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