Es el alma mater del grupo vitivinícola bajo el que se engloban una decena de bodegas en seis de las Denominaciones de Origen más acreditadas del país (Ribera del Duero, Rioja, Rueda, Cigales, Toro y Ribeiro). Y ahora está inmerso en la renovación de la primogénita de todas ellas, mediante un proyecto –bautizado como Esencia Matarromera– que supone la apuesta más ambiciosa de su historia y que cuenta con una inversión de más de 10 millones de euros. El objetivo es convertir al que es el buque insignia de la marca –ubicado en Valbuena de Duero, Valladolid– en la bodega del futuro.

“Las bodegas tienen que ser empresas flexibles, dinámicas y modernas, pero sin perder la esencia que hemos ido atesorando a lo largo de nuestra trayectoria”, asegura Carlos Moro. Y para ello se basará en una serie de pilares como la arquitectura (un complejo al más puro estilo château en el que la bodega queda rodeada por veinte hectáreas de viñedo), la sostenibilidad (mediante el ahorro energético y la máxima eficiencia mediante el análisis de datos) y enoturismo (acogerá eventos de todo tipo y brindará la posibilidad de diseñar una ‘oferta a la carta’ para que el visitante diseñe su propia ‘experiencia Matarromera’).

Se prevé que el proyecto vea la luz la próxima primavera. Mientras esperamos a que abra sus puertas, seguiremos disfrutando de sus vinos. Hay mucho donde elegir, y todo bueno.