El viernes pasado llegó a los cines españoles La Brigada de la Cocina, distribuida para España por Caramel Films y Youplanet Pictures. Se trata de una emotiva comedia social con trasfondo gastronómico protagonizada por Audrey Lamy (Las Invisibles (2018) que le da vida al personaje Cathy Marie. En este largometraje cuentan emotivas historias reales con un hilo conductor en torno a la gastronomía. 

Sinopsis

Cathy Marie es una talentosa chef de 40 años que cuando intenta abrir su propio restaurante gourmet se ve en la necesidad de aceptar un trabajo en la cafetería de un centro para jóvenes inmigrantes. Poco a poco, las habilidades de Cathy y su pasión por la cocina comienzan a cambiar la vida de los chicos, que también tienen mucho que enseñarle a ella: humildad, resiliencia… y los sabores de sus respectivos orígenes, las recetas de sus familias. A cambio, ella les lleva a su infancia a través del olor del romero, de palpar la tierra cultivando sus propios ingredientes, y de alimentos tan simples como la remolacha, con la que es capaz de hacer un plato de alta gastronomía. La cocina aquí no es solo el escenario principal, es un personaje más. 

Louis-Julien Petit, guionista del film, y su equipo de producción querían tratar un tema tan sensible en Francia como es el de los MENA (menores extranjeros no acompañados), jóvenes que llegan en busca de un futuro mejor y que si no logran una titulación antes de los 18, son repatriados.

Preparación real de los personajes

Los auténticos protagonistas de esta historia son los chavales que se encuentran en el centro, que no son actores profesionales, sino una representación de los 300 menores que fueron entrevistados para la película. Sus relatos y sus miradas ponen el punto emotivo a la vez que sus sonrisas iluminan cada minuto de esta comedia social donde veremos a una reputada chef perder los papeles al pedir a sus improvisados stagiers que troceen una cebolla. 

El caso es que Audrey Lamy también fue aprendiz durante la preparación de su personaje: pasó varios meses en las cocinas de Apicius y Divellec, a las órdenes de Mathieu Pacaud y Christophe Villermet, y acabó siendo una más entre sus equipos profesionales -además de incapaz de quitarse el olor de pescado de las manos de tanto desespinar caballa…-. Su seguridad en el terreno sin duda se plasma en un film que tuvo todo tipo de accidentes climáticos y personales -como el talón roto de Cluzet- más allá de la pandemia, y aun así, el resultado es una delicia que merece la pena disfrutar de principio a fin. ¡Dejad sitio para los créditos!

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