Los bares y la creatividad siempre han formado buena pareja. ¿Cuántos bocetos se habrán garabateado en sus servilletas antes de convertirse en codiciadas obras? ¿Cuántas situaciones acontecidas en bares habrán inspirado guiones geniales? De todo esto sabe mucho la última invitada que ha pasado por Conversaciones de bar’: la periodista e ilustradora de cómics Raquel Córcoles, a quien todos conocemos por su sobrenombre de Moderna de Pueblo, el alter ego que creó cuando aterrizó en Madrid en 2005, a los 19 años, para convertirse pronto en la desternillante cronista de toda una generación marcada (y obsesionada) por el ‘postureo’.

Andrés Rodríguez, editor y director de Tapas Magazine, charla largo y tendido con ella sobre sus inicios profesionales, sobre los bares de su Reus natal («más mainstreams«, según los define ella misma) y sobre esos otros bares ‘modernos’ que se encontró a su llegada a Madrid (con esos Dj que pasaban del público), y que alimentaron esas primeras historias que surgieron, precisamente, de las situaciones que veía y vivía en los garitos de la capital. 

«Para mí hubo un antes y un después con el bar La Realidad, que está en Malasaña», recuerda Raquel. «Cuando entraba ahí había mucha gente moderna que no me hacía ni caso… y que hablaban muchísimo de cultura y de tendencias. Y todo lo que me callé en esos bares era lo que contaba luego en mis cómics. Porque aún no existía la palabra ‘postureo’, pero en realidad iba de eso».

Por tanto, no es de extrañar que los bares se conviertan en el ‘escenario’ de muchas de sus viñetas. «La ciudad en sí forma parte de mis historias, y los bares son una parte importante de la vida en ella y de la interacción social», reflexiona Raquel. Así, por ejemplo, en su obra Idiotizadas aparece una discoteca que recuerda a la Sala Sol y en Coñodramas aparece el Pavón (uno de los bares que más frecuenta en la actualidad). «Sí que intento hacer como que no se reconozca qué ciudad es, porque es una forma de universalizar las historias», explica.

Y es que, al fin y al cabo, Raquel reconoce que su vida sin bares no sería igual: «Son un lugar de ocio muy importante para mí. Trabajo en casa, así que mi forma de socializar es ir a un sitio en el que, aunque no hayas hecho planes, suceden cosas… Los bares del centro de Madrid para mí representan ‘la posibilidad de que pase algo». Pues brindamos, con una caña bien fría de Ambar, por que no cesen de pasarle cosas que sigan inspirando las fantásticas historias de Moderna de Pueblo.

Deja un comentario

Cancelar la respuesta