Qué duda cabe de que visitar Asturias significa perderse en su naturaleza salvaje, visitar sus encantadores pueblos, dejarse mimar en su balneario y sus spas… Y ponerse las botas, por supuesto. ¿Porque quién es capaz de resistirse a esos productazos, a esos guisos, a ese marisco, a esas nuevas ideas culinarias que combinan la mejor tradición con la mejor vanguardia?

Y es que la cocina asturiana es única, no es una cocina más… Su religión es el producto de cercanía y kilómetro cero. Eso ha sido así siempre y continúa siéndolo también ahora, en un tiempo en el que la bendita contundencia de sus platos tradicionales convive con las nuevas y más refinadas propuestas gastronómicas de muchos de sus chefs (incluyendo un buen número con estrellas Michelin).

Viejos conocidos

En las cartas asturianas no puede faltar la fabada, por supuesto. Pero tampoco el pote, el ‘pitu caleya’, el cachopo… Y, desde hace algún tiempo y tras superar el riesgo de extinción, el ‘gochu asturcelta’, la ‘oveya xalda’ o la ‘pita pinta’.

Ni tampoco su miel, que nace en sus profundos bosques; su inmensa variedad de quesos, que ya suman la friolera de 50 tipos diferentes; o sus productos del mar, cambiantes cada temporada: los ‘oricios’ en invierno, los centollos en primavera, el bonito y el bogavante en verano y la angula ahora, en otoño.

Y todo este festín gastronómico bien regado con su tradicional sidra o con esos vinos de Cangas, fruto de la viticultura heroica y de espíritu genuinamente atlántico, que cada vez tienen más adeptos en todo el país.

En busca de la experiencia

Pero más allá de degustar estos placeres gastronómicos, los gourmets más curiosos, los que tengan hambre de conocimiento, encontrarán en esta tierra privilegiada un abanico de experiencias gastronómicas prácticamente inagotable. 

Por eso, en lugar de limitarnos a pegarnos los mencionados (y obligatorios) homenajes, en Asturias podemos visitar llagares, queserías, granjas, bodegas, lugares donde se practica la apicultura… Para, de esta forma, ser testigos presenciales de los orígenes de sus fantásticos productos, que son la base de su rica y diversa gastronomía, de una cocina que derrocha personalidad.

Además, este otoño, al reservar dos o más noches en uno de sus alojamientos, Turismo de Asturias te invita a vivir una de estas experiencia gastronómicas. Lo dicho: imposible resistirse.

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