Opinión Salvador Sostres

Apple Dúo. La sensación de llegar tarde a una fiesta que ya ha empezado

Apple ha sacado el móvil plegable y recuerda un poco a los móviles chinos. Apple sabe siempre bien lo que hace. No pretendo saber más que ellos. Pero este móvil plegable dudo que fuera algo que tuviera en la cabeza Steve Jobs. Apple ha sido la compañía que siempre ha abierto el mercado, la que ha enseñado a las otras lo que tenían que hacer. Apple nos ha creado necesidades que no sabíamos que teníamos, y llevar cualquiera de sus productos era ir avanzado a la Historia.

Este iPhone Duo, o plegable, por decirlo en lenguaje más comprensible para todos, contradice este espíritu de vanguardia, porque hay muchos móviles en el mercado plegables y todos por cierto de una calidad más que notable, y a unos precios muy menores de lo que Apple pide por su nuevo teléfono.

El precio nunca nos ha importado pero sí la Historia. Y ahora llevar un iPhone plegable no es ningún signo de futuro sino más bien llegar tarde a una fiesta que había empezado sin nosotros. Sólo por eso es difícil pensar que nos vamos a sentir bien con ese teléfono en las manos.

Tal vez cuando llegue y lo probemos, y lo toquemos, y aprendamos a usarlo, no podremos vivir sin él y sea un súper éxito de ventas. Yo sinceramente me alegraré si esto sucede, pero en este momento previo, en este momento de valoración por verlo, solo en lo que trascendido a través de su presentación y de la página web de la compañía, tengo la sensación de estar ante un remake asiático.

Además de la filigrana, tampoco entiendo demasiado bien porque necesito que mi iPhone se pliegue o se desdoble. Pero también es verdad que cuando lo tenga y lo compruebe, estaré más en condiciones de explicar si era otra de las necesidades históricas de Apple que nos ha descubierto y que no sabíamos antes de que la compañía nos la pusiera en las manos.

Apple no es una empresa cualquiera, del mismo modo que no lo es la Coca-Cola y del mismo modo que Giorgio Armani no fue simplemente un sastre. Son compañías que representan más de lo que hacen. Armani era mucho más que sus trajes y fue una manera de vestir al hombre clásico que trascendió los tejidos para convertirse en un estado casi del espíritu, en una forma de estar en el mundo. Él lo sabía perfectamente.

Tomarse una Coca-Cola es algo para algunos rutinario e irreflexivo. Pero la Coca-Cola, cuando tú piensas en lo que es y representa Coca-Cola, es mucho más que una bebida y puede perfectamente ser que no te gusten los refrescos y que en cambio te sientas atraído y representado por una marca que inventó a Santa Claus tal como hoy lo conocemos y simbolizó la libertad en un mundo hostil, frío y separado por bloques.

La modernidad, la novedad, la magia de Apple ha sido también un motor de nuestras vidas, un motor espiritual, un poco como Armani, que nos ha hecho soñar desde aquel día de 2007, en que Steve Jobs presentó el primer iPhone. Las compañías tienen, lógicamente, sus estrategias comerciales, y es normal que Apple también la tenga, y es correcto que si cree que van a vender muchos móviles desplegables, se moleste en tener uno.

Pero Apple necesita no olvidar lo que representa, la magia que es, el espíritu aventurero que encarna, el espacio que ocupa en nuestros cerebros y en nuestros corazones, y que va mucho más allá del objeto concreto. El montón y el remake no son los espacios espirituales ni morales de Apple. Allí hay gente que sabe competir mucho mejor y mucho más barato.