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Almara: encontrar el mar en Paseo de la Castellana

La última apertura del Grupo La Fábrica marca una nueva etapa para la casa, ahora liderada por Paco y Gonzalo Talavera, representantes de la segunda generación de esta familia hostelera con tres décadas de experiencia y una sólida presencia en Madrid.

FOTO DE https://grupolafabrica.es/almara/

Hay lugares donde simplemente se come… y otros donde se vive una auténtica experiencia gastronómica. Espacios en los que no solo se disfruta del plato, sino de todo lo que lo rodea: la preparación, los aromas, la presentación cuidada y, sobre todo, la atención al cliente. Un servicio atento, con camareros formados que entienden que comer es también compartir, relajarse y dejarse llevar. Sentirse mimado mientras alguien da los últimos toques a un plato exquisito pensado para ti.

En pleno centro de Madrid, en una de las grandes arterias de la ciudad, el Paseo de la Castellana, se encuentra Almara. Y con él, quizá, aparece algo que a Madrid le falta: el mar. Almara es un lugar que te recibe y te envuelve, que te mece suavemente como si estuvieras a orillas del Mediterráneo, donde cada detalle está pensado para transportarte y hacerte disfrutar sin prisas.

La última apertura del Grupo La Fábrica marca una nueva etapa para la casa, ahora liderada por Paco y Gonzalo Talavera, representantes de la segunda generación de esta familia hostelera con tres décadas de experiencia y una sólida presencia en Madrid. El espacio conserva la identidad estética tan reconocible del grupo, pero es en la cocina donde realmente se percibe la evolución: una propuesta más ambiciosa, afinada y con mayor profundidad gastronómica. La luz inunda cada rincón, los tonos suaves de los tapizados se mezclan con la calidez de la madera mientras delicadas lámparas de cuerda aportan un aire romántico y acogedor. El corazón del local lo ocupa una imponente barra circular, que se convierte en protagonista y punto de encuentro. Almara tiene alma y está pensado en cada detalle.

La carta combina técnica y producto con acierto, con platos que ya apuntan a imprescindibles como los canelones de txangurro, el puerro a la brasa con mojama de atún o la lubina de estero a la sal. No faltan opciones más contundentes como la chuleta de vaca madurada a la parrilla, ni propuestas pensadas para compartir, como el arroz de lagarto ibérico con boletus finalizado en horno de carbón.

En conjunto, una oferta versátil y bien construida, capaz de adaptarse a cualquier ocasión: desde comidas de trabajo en una zona marcada por la actividad empresarial, hasta cenas informales o encuentros más especiales. Un sitio que funciona, sin complicaciones, pero con mucho criterio.

Pero si de verdad quieres sentir el mar en el paladar, hay un plato que destaca por encima del resto: la parpatana de atún rojo al oloroso. Intensa, jugosa y llena de matices, es una elaboración que evoca directamente la brisa marina y el sonido de las olas, como si por un momento Madrid desapareciera. Acompañarla con una copa de Duo des Mers no hace más que elevar la experiencia, aportando frescura y equilibrio a cada bocado. Es uno de esos platos que no solo se degustan, sino que se recuerdan; una invitación a detenerse, disfrutar sin prisa y dejarse llevar por una cocina que conecta con el origen y el producto.

Y si la experiencia alcanza este nivel, no es solo por la cocina: es también gracias al impecable criterio y la atención de sala. En mi caso, guiado por Alvino, auténtico maestro de sala, cada elección cobró sentido. Supo leer el ritmo, recomendar con precisión y cuidar cada detalle con una elegancia natural, convirtiendo cada bocado en parte de un recorrido perfectamente orquestado.

Porque hoy más que nunca, un servicio así marca la diferencia. Honesto, cercano, pero profundamente profesional; formado por personas que no solo conocen el producto, sino que saben interpretarlo y transmitirlo. Camareros que no se limitan a servir, sino que acompañan, orientan y despiertan en el comensal el placer de redescubrir sabores que creíamos olvidados. Al final, son esos gestos, esa atención sincera y ese conocimiento los que realmente construyen un lugar y lo convierten en algo memorable.

En definitiva su propuesta culinaria es un homenaje directo al producto, respetando los ciclos naturales, como un pescador que conoce el valor de cada temporada. En su carta, los tesoros del mar conviven con la fuerza de la tierra, creando un equilibrio donde el sabor llega a la mesa de forma clara, sin artificios.

Tener “el mar en Madrid” es un auténtico lujo, y Almara lo logra con cada detalle: sabores que transportan, aromas que recuerdan la brisa marina y platos que hacen soñar con la costa sin salir de la ciudad. Además, su terraza se convierte en una promesa de primavera: un espacio pensado para saborear con calma, disfrutar de la luz, el aire fresco y cada creación gastronómica, haciendo que cada visita sea un placer pleno y renovador.