Ya no tenemos excusa. El cambio climático tiene más consecuencias en nuestra vida de las que nosotros pensábamos. Concretamente en la dieta, al impactar directamente en la calidad de los alimentos.

Lo denominan costo nutricional del cambio climático y, a pesar de los continuos avisos por parte de la comunidad científica, hasta 2017 no se hizo público un informe oficial sobre las consecuencias reales que esto podría tener a nivel internacional.

Los expertos del Programa de Investigación del Cambio Global de los Estados Unidos mencionaron por primera vez, en su reportaje anual sobre los impactos del cambio climático en la salud, la repercusión de estas variaciones en la salud y la calidad de los alimentos.

La investigación, a pesar de no haber sido incluida en los informes oficiales hasta hace poco, sí fue publicada años atrás en revistas como eLife.  La revista señalaba la posibilidad de que los alimentos que injerimos pudieran estar contaminados por el dióxido de carbono de la atmósfera.

Debido a la dificultad que entrañaba el poder demostrar este alto contenido de CO2 en los minerales de las plantas, lo que produciría un mayor contenido en azúcar y menos nutrientes, se denominó tendencia oculta.

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Los alimentos más afectados

El análisis de distintos cultivos y plantas silvestres demostró que muchos alimentos están aumentado su contenido de carbohidratos, disminuyendo la presencia de algunos nutrientes esenciales. Pero llegar a ésta conclusión no fue sencillo: más de doce años de investigación, empleando para ello los datos que se recogían en cuatro continentes y que eran analizados por científicos de trece países hasta dar con la clave del problema.

La contaminación de los alimentos, al parecer, se iniciaría en el proceso fotosintético. Las plantas transforman el CO2 en agua y azúcares, produciendo mayor cantidad de azúcar cuanto más CO2 reciben y empleando los carbohidratos adicionales para crecer o almacenar. Esto sería positivo para las plantas pero perjudicial para nosotros, pues estos carbohidratos diluyen el resto de los nutrientes. Además, el aumento de dióxido de carbono provoca que las plantas transpiren menos agua, llegando menos minerales a las raíces.

Los alimentos más afectados serían el trigo, el arroz, las patatas y la mayoría de frutas y vegetales, todas pertenecientes al grupo C3. El maíz y otras plantas C4 no parecen tan afectadas como las anteriores, pero queda demostrado que el problema va en aumento y podría extenderse a más alimentos o incrementar el grado de afectación en los grupos mencionados.

Los últimos estudios, además, centran su atención en la posible relación entre estas cuestiones y el crecimiento de afecciones como la obesidad o la diabetes en todo el mundo.