La Cava Baja tiene una personalidad difícil de imitar. En esta calle de La Latina, donde Madrid conserva buena parte de su espíritu tabernero, salir a comer o cenar forma parte de un ritual que mezcla barras animadas, platos para compartir y mesas que se alargan sin demasiadas prisas. Ahora, entre esa geografía tan madrileña, también hay espacio para viajar a Italia sin salir del centro de la ciudad. La nueva dirección de Il Posto, en el número 19, introduce ese acento italiano en una de las calles con más tradición gastronómica de la capital.
No es un territorio desconocido para el grupo, que abrió su primer restaurante en Madrid en 2023 y suma ya cinco direcciones en la ciudad. Pero Cava Baja tiene algo diferente: aquí la cocina italiana entra en conversación con una forma muy española de entender la hostelería, con el barrio como escenario y el placer de sentarse a la mesa como principal argumento.

La propuesta no necesita demasiadas explicaciones. Hay pasta, recetas reconocibles y platos que invitan a compartir, sin que la experiencia exija convertir una comida informal en una ocasión solemne. Es una manera de acercarse a Italia que encaja con el ritmo de La Latina: una cocina con identidad propia, pero pensada para disfrutar sin demasiados protocolos.
Una lasaña, una genovese y un buen comienzo
En una carta italiana, las expectativas suelen estar claras. La diferencia está en cómo se ejecutan los clásicos y en si apetece seguir explorando después del primer plato. En Il Posto, la lasaña es una de las referencias que merece atención: la versión de la casa combina ragù a la boloñesa, mozzarella fior di latte y Parmigiano Reggiano, tres ingredientes que forman parte de una receta tan familiar como exigente cuando se busca el equilibrio entre la salsa, la pasta y el queso.
La genovese ofrece otra lectura del recetario italiano. Es la típica pasta del domingo, de la abuela, y se presenta en forma de rigatoni con rabo de toro encebollado, una interpretación que conecta la tradición de las salsas cocinadas lentamente con un producto muy presente en la cocina española. El resultado conceptual es interesante: Italia aporta la pasta y el nombre del plato, mientras que el rabo de toro introduce un guiño reconocible para el comensal madrileño.
Pero hay un bocado que merece llegar a la mesa desde el principio: los supplì. Estas croquetas romanas de arroz, rellenas de ragù y queso, son uno de los entrantes más característicos de la cocina popular italiana. En esta visita, fueron uno de los aciertos de la comida. Crujientes por fuera y con ese interior que invita a seguir comiendo, funcionan como aperitivo y como declaración de intenciones: a veces, para entender una cocina, basta con empezar por un buen bocado.
Cava Baja, con acento italiano
La ubicación es parte esencial de la experiencia. Cava Baja no necesita que nadie le explique cómo salir a comer: su identidad está ligada a las tabernas, las barras y una cultura gastronómica que lleva décadas atrayendo tanto a madrileños como a visitantes. La llegada de Il Posto amplía ese paisaje sin renunciar al carácter del barrio.
El restaurante forma parte de un grupo impulsado por Esteban Arnáiz, con Ricardo Fiore al frente de la cocina. De origen pugliese y con 18 años de experiencia, el chef ha pasado por restaurantes madrileños como Zalacaín, Numa Pompilio y Giuletta. La propuesta de Il Posto se apoya en recetas italianas reconocibles, pastas frescas, salsas elaboradas en cocina y pizzas cuya masa se prepara en cada establecimiento y fermenta durante 48 horas.
La carta permite recorrer distintos registros de la gastronomía italiana: desde los antipasti para compartir hasta los platos de pasta, las pizzas y los postres clásicos. Entre las opciones figuran los spaghetti carbonara, los scialatielli frutti di mare, las tagliatelle al tartufo e uovo poché y el tiramisú, que el chef prepara a partir de una receta aprendida de su abuela.
En Cava Baja, donde buena parte del encanto consiste en elegir dónde sentarse y dejar que la comida marque el ritmo, Il Posto suma una nueva parada a la ruta gastronómica del barrio. Una casa italiana en una calle muy madrileña, con clásicos reconocibles y una propuesta que invita a cruzar la frontera gastronómica sin moverse del centro.