Vino

José Ramón Urtasun: Reescribiendo el futuro botella a botella

Remírez de Ganuza es un David en plena forma que no se achanta ante ningún Goliat. Al frente del pequeño gigante, Urtasun celebra con mesura un logro tras otro.

Fotografía: Jaime Partearroyo

En Samaniego, la bodega se presenta humilde, casi como una casa más del pueblo. Dentro, sin embargo, late una maquinaria minuciosa, hecha de depósitos fríos, barricas silenciosas y libretas llenas de cifras pequeñas pero contundentes. José Ramón Urtasun sonríe cuando alguien le recuerda cómo han llegado a definirles: “pequeños pero matones”. No suena a eslogan, sino a diagnóstico.

La conversación arranca por donde manda la tierra: la vendimia. “Ha ido bien”, concede, pero enseguida matiza. Habla de una primavera muy lluviosa, de parcelas tocadas por el mildiu, de una merma del 35% respecto a un año normal. “La cantidad de uva ha sido sensiblemente menor, pero la uva ha sido excelente”. Ese equilibrio entre dificultad y precisión marca el tono de todo lo que cuenta después.

Cuando se le pregunta por novedades, se le ilumina el gesto. “Acabamos de sacar un vino nuevo, Remírez de Ganuza UV. Es un 100% tempranillo”, resume. Durante años, explica, han trabajado más de 200 parcelas distintas y sabían que aquella, en concreto, “daba un tempranillo muy equilibrado, muy elegante”. La elaboraban aparte, casi como un secreto de casa, y ahora ha visto la luz con la añada 2022: algo más de 1.600 botellas.

Es un tinto que él mismo se encarga de colocar fuera de los tópicos: “Tiene una parte muy floral, muy fresca y delicada; no me iría a un guiso ni a una carne muy potente”. Prefiere imaginarlo junto a una carne blanca, suave. “Aunque son vinos muy versátiles que maridan con casi cualquier cosa”, añade, consciente de que UV nace para abrir caminos, no para encasillarse.

Nuevos caminos, también, en los blancos. Urtasun habla del cambio climático sin grandilocuencia, desde la trinchera de quien ve cómo suben las temperaturas y cambian los ritmos de maduración. Entre los grandes retos cita “hacer mejores vinos, mantener una calidad constante y adaptarse a veranos con exceso de calor, que serán cada vez más frecuentes”. Una de las respuestas está en el Blanco Reserva 2023: “Solo recogemos los racimos cubiertos por las hojas y, al hacerlo, bajó el pH, subió la acidez y el vino es más fresco”. Un gesto pequeño, casi artesanal, que condensa una estrategia de futuro.

Ese futuro pasa también por colocar a Remírez de Ganuza en el mapa sin perder el tamaño humano. Vienen, dice, “de producciones cortas en las últimas añadas”, en torno a 110.000 botellas, de las que aproximadamente un 40% viaja fuera: México como gran bastión, luego Estados Unidos y Reino Unido. Mientras, el mercado nacional crece año tras año. No es casual que hayan logrado entrar en la famosa regla del 50-50-50 del Master of Wine Pedro Ballesteros: más de 50.000 botellas por encima de los 50 euros, compartiendo club con Vega Sicilia.

Pero Urtasun concentrarse en lo esencial: abrir nuevos mercados —“Asia aún está poco trabajado, siempre hay mercados que abrir”—,afinar cada parcela, pensar vinos que tengan sentido dentro de una historia que empezó antes que él y que quiere que le sobreviva. Cuando confiesa que ahora mismo está “muy ilusionado” con el nuevo UV, porque es “algo distinto” al que le han puesto “mucha ilusión”, no habla solo de una etiqueta más. Habla de una bodega que, desde su modestia, está reescribiendo su futuro botella a botella.