Aterrizar la cocina a los barrios parece ser a día de hoy un acto casi revolucionario. Un movimiento democrático que en una gran ciudad como Nueva York -que varía entre puestos ambulantes o cadenas de fast food y restaurantes de alta cocina- supone un gran respiro; una vía de escape para una sociedad contaminada por la publicidad y el Ozempic.
Esa especie de evasión, de nadar a contracorriente, es la que propone LEV (@lev.nyc), un colectivo culinario que se mueve con total libertad por Nueva York, entre pop-ups, eventos e incluso en la calle o la naturaleza, al no contar con un restaurante físico o una sede desde la que desarrollar sus ideas.


Rosalía ha sido uno de los últimos iconos en sucumbir a su encanto. En poner su iniciativa en el radar para muchos que no conocían el proyecto y su historia a través de una story en Instagram. En ella, puede verse a ras del suelo un bodegón decadente con un plato acabado cocinado por el colectivo, junto a unas bebidas y un paquete de tabaco.
Loren Abramovitch y Daniel Soskolne son los cocineros ‘cool’ que están detrás de este movimiento basado en la sencillez, en adaptar experiencias gastronómicas al entorno por precios bastante asequibles teniendo en cuenta que hablamos de NY. ‘Nos inspiramos en el espacio, las personas y la energía del entorno para dar vida a nuestra cocina’, describen en su web.
Cada una de sus intervenciones culinarias es, por lo tanto, diferente. No existe nada premeditado para conectar de manera real con el lugar en el que vaya a producirse, desde el campo hasta una acera de Nueva York.
Los menús los elaboran a medida, dependiendo de los deseos de los clientes y de la estación a través de métodos sencillos que ‘conserven tanto su esencia como su sabor’; que son a su vez un reflejo de toda su trayectoria y aprendizaje. Del crisol de tradiciones culinarias con las que convivieron desde pequeños los chefs en Galilea y Jerusalén, y que llevan alimentando cada uno de los platos que han servido desde la década de los 2000 en lugares como Italia, España, Australia, Inglaterra o Francia, hasta llegar -y afincarse- en Nueva York, alcanzado la máxima expresión de LEV, aunando sus raíces, valores, intenciones y el trabajo de toda una vida.