Y al centro… flores

Mucho se habla de la preocupación que produce el diseño de los platos, los cubiertos y las copas, pero… ¿qué pasa con el centro de la mesa? Ahí se abre, en muchas ocasiones, un enorme vacío ‘color mantel’ que sólo un buen centro puede tapar. Ahora bien: la dificultad se encuentra en el equilibrio y la naturalidad para no caer en la chabacanería o el exceso.

Con la ayuda de The Colvin Co., hemos preparado una pieza que te dará las claves definitivas para elaborar el centro de flores perfecto. Vamos allá.

-Esto no es una trinchera. Evita que la mesa quede separada en dos con un centro de flores tamaño rascacielos. Hablar con alguien al otro lado de un ‘seto’ empeora una cena.

-Olvídate de las flores de plástico. Lo cutre seguirá siendo cutre por muy bien que te lo montes.

Y al centro… flores

-Ojo con el olor de las flores. Si eliges un centro con mucho olor, este puede mezclarse con el de la comida y estropear la experiencia gastro (que es a lo que venía todo este asunto). El olfato es fundamental a la hora de disfrutar la comida. Sobreestimularlo con elementos ajenos a la comida es un error garrafal.

-El tamaño importa. Así que no te pases. Busca la proporción justa, lo que acabará en elegancia y evitará líos varios con el espacio.

-Busca la armonía con el resto de elementos de la mesa. De nada sirve que los objetos sean maravillosos ‘por separado’. Aquí tienen que entenderse.

Y al centro… flores

-Cuidado con la geometría. No te compliques: a mesa cuadrada, centro cuadrado. Y a mesa redonda, centro redondo. Fácil.

-Ten en cuenta las flores de temporada y otros elementos con los que acompañarlas. Lo mejor es que preguntes a The Colvin Co.; su equipo de diseñadores te sorprenderá cada semana con nuevas combinaciones, empleando siempre las flores más frescas de la temporada.Además, viajan constantemente para encontrar los mejores productos y enviártelos directamente desde el campo.

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