La Bienal Iberoamericana de Diseño regresa a Madrid cargada de innovación tanto dentro como fuera de la cocina.

Hay citas indiscutibles. Citas inevitables. Las tenemos con el dentista que le echa la bronca a nuestro paladar goloso cada vez que perdemos el miedo a enfrentarnos a su consulta, o con esa reserva que palpita en nuestra agenda desde hace varios meses para recordarnos que se acerca el día del derroche de calorías en el restaurante del momento. Las citas que tenemos con la gastronomía son inamovibles pero, ¿y con el diseño? En Madrid tal compromiso se renueva

cada dos años con la exposición de la Bienal Iberoamericana de Diseño, que se celebra, como ya marca la tradición desde 2008, en el espacio proporcionado por el Matadero de Madrid. Compuesto por premiados y seleccionados e impulsado por DIMAD Fundación, este evento es el punto de encuentro de profesionales e instituciones dedicadas al mundo del diseño en España, Portugal y Latinoamérica. Y es que cada año BID busca posicionarse como la cita más importante para acercar al público a piezas únicas y proyectos originales que dan paso a la reflexión y que, de otra forma, no serían capaces de llegar más allá de las fronteras de los 23 países que los han visto nacer. ¿Su objetivo final? Destacar aquellos relacionados con la producción de nuevos modelos de negocio, innovación y sostenibilidad, así como ponernos los dientes largos en ámbitos como la arquitectura, la moda y en el interiorismo, pero también en el de la gastronomía. En su pasada edición, celebrada en 2014, BID ya vio despuntar todo tipo de proyectos que buscan reflejar la inventiva que se esconde tanto en la mesa y en la cocina como fuera de ella. Claro ejemplo fue el propuesto por los responsables del sello editorial Moromori, quienes crearon una serie de botellas de cerámica bañadas en plata coloidal que eliminan gérmenes y bacterias del agua corriente. Incluso el potencial de la cerveza artesanal en Perú (un territorio por explorar) vino acompañado del diseño gráfico del estudio Nidea para la marca Nuevo Mundo, la cual se inspiró en una visión de las bases culturales de la zona, como lo son su selva, sus mercados e incluso su gráfica popular. Por otra parte, y en una mezlca inédita entre degustación y multimedia, Simone Mattar compitió con un análisis de los rituales alimenticios y la cultura popular en el proyecto Como Penso Como.

 

 

En su quinta edición, BID dará cita a alrededor de 465 proyectos de más de 1.000 diseñadores con el propósito de alojarse bajo el mismo techo desde el 21 de noviembre de hasta el 29 de enero. Y gracias a esta celebración del diseño veremos Natura Imiitatis, del estudio photoAlquimia, uno de los proyectos seleccionados este año por su colección de vajillas inspiradas en la naturaleza y que se transforman, gracias al poder de la energía, en objetos vivos para acompañar una sencilla salsa de soja o como contenedores de aliños para ensalada. De la misma manera descubriremos la capacidad de una churrería clásica como la mexicana El Moro, en pie desde 1935, para reinventarse y posicionarse, gracias a Cadena + Asociados, en carne de Instagram. Confirmado: en el mundo del buen comer como en el del buen ver, el secreto está en renovarse y no morir (bid-dimad.org).