NOMBRES: TULUM, TULUUM, ZAMÁ (‘Amanecer’ en maya).

PAÍS: MÉXICO.

IDIOMA: CASTELLANO.

HAB.: 28.263.

PREFIJO TELEFÓNICO: +52.

CONOCIDO POR: RUINAS, PLAYAS DE ENSUEÑO, CENOTES, SUBMARINISMO.

Es probable que no le quede mucho como paraíso libre de resorts (crucemos los dedos) y que el nivel de postureo comience a ser preocupante, pero precisamente por eso es el momento de viajar hasta este enclave privilegiado ya en tiempos mayas, quienes lo convirtieron en uno de sus principales centros de poder y religioso. Porque despertarte en tu cabaña, dar literalmente cuatro pasos y pisar esta playa…

sí tiene precio, pero se te olvida al entrar en el agua.

Tulum: dormirse con las olas

Aquí el sol es el que marca el ritmo y, te guste o no, se impone madrugar bastante. Como el día será largo, nada mejor que afrontarlo con un buen desayuno, y los que se estilan por esta zona cumplen su labor: café, mucha fruta y, sobre todo, huevos en todos los estilos posibles: rancheros, divorciados, a la mexicana, estilo Oaxaca, con hierbabuena y queso… Puedes disfrutarlos sobre la arena y con vistas al mar en Ziggy’s o Posada Margherita (volveremos aquí después), o también aprovechar para conocer la contundente oferta mañanera del mejor restaurante del pueblo: Azafrán.

Tulum: dormirse con las olas

Quedarse a disfrutar de la playa es una opción más que respetable, pero lo cierto es que la oferta de actividades se merece un pequeño esfuerzo. Así que hazte con un buen zumo para el camino y acércate a las mil veces fotografiadas, e igualmente impresionantes en persona, ruinas de Tulum, donde además podrás darte un baño. O mejor aún, haz ‘snorkel’ enfrente; serán las mejores vistas de todo el viaje. Si te animas a ir más lejos, la reserva natural de Sian Ka’an te impresionará, y no digamos ya Chichen Itzá (eso sí, aquí es imprescindible que madrugues todavía más para evitar a las masas).

Tulum: dormirse con las olas

Como habréis supuesto, después de un desayuno tan potente, no se trata de la comida del día más importante, e incluso son numerosos los restaurantes que tan solo abren a la hora del desayuno y de la cena. Así que nos planteamos dos opciones básicas: hacerse con unos tacos callejeros (en el pueblo los del estilo pastor de Antojerías la Chapaneca están deliciosos) o apostar por algún plato fresco en la playa; en este último caso el ceviche es la oferta estrella (La Zebra o El Pez son buenas opciones), pero nosotros tenemos debilidad por el carpaccio de pulpo ligeramente picante de Juanita Diavola.

Tulum: dormirse con las olas

Ahora sí que por fin que toca coger un buen libro y dejarse atrapar por la tumbona o, aún mejor, la hamaca. Con eso y una cerveza
(o un cóctel, qué narices, que para eso estás de vacaciones), ya tienes la tarde hecha… O no, porque una buena parte de los alojamientos ofertan clases de yoga y masajes de todo tipo. Así que tú decides, escuchando las olas o en el interior de un cenote (cavernas de agua dulce; existen 1.500 en la Península de Yucatán), el disfrute está garantizado. Pásate por sitios como
Encantada, Azulik, Be Tulum o Amansala y sabrás de lo que hablamos.

Tulum: dormirse con las olas

Es aquí cuando el nivel adquisitivo y ‘hipsteriano’ de Tulum se manifiesta en todo su esplendor. Hartwood, Posada Margherita, Casa Jaguar o Casa Banana reúnen a una clientela que te hará dudar si no te encuentras en el último local de moda en Brooklyn. Ya sea en la playa o rodeados de vegetación, todos ellos tienen buenos cócteles, muchas velas y no reservan. Para una experiencia algo más auténtica, El Tábano o Cenzontle son más que recomendables (y te atienden en castellano). Otro fijo: Simple, con soprendentes pescados a la brasa gracias a la experiencia en varios asadores españoles de su propietario.

Tulum: dormirse con las olas

Si realmente quieres alargar la noche, lo mejor es explorar las cantinas del pueblo o acercarte a las muy animadas fiestas que se organizan en Mezzanine (y con oferta coctelera notable, por cierto). Si no, apura la botella de vino, quítate el calzado, ten cuidado con las enormes tortugas (no es broma) y aprovecha la luz de las estrellas para dar un paseo por la playa. Azulik, Papaya Playa, de Design Hotels, o Casa de las Olas convencerán a aquellos que deseen contar con casi todas las comodidades de un hotel, pero si optas por algo más rústico y auténtico, Cabañas La Luna o Playa Selva son tu destino ideal.