Adivina, adivinanza… Santa Engracia parece, Chamberí no es. ¡Quien no lo adivine, tonto es! El nombre de este restaurante te lo cuenta el enunciado. Santancha, es la nueva propuesta de los hermanos Van Dulken en la capital. Los padres de La Vanduca (ubicado en el Retiro), lanzaban a comienzos de enero esta casa de tapeo, tardeo y coqueteo.

Es un restaurante acogedor y decorado con mucho encanto (obra de Sofía Calleja). Cuenta con dos plantas: una a pie de calle, con barra y mesas altas, y una más formal, en la zona superior. El empleo de tonos cálidos, materiales de distintas texturas, plantas y espejos, invita a acomodarse y da pie al disfrute.

Santancha es una propuesta consagrada para compartir, que siempre se ha dicho, ¡es vivir! Por ello, en su carta abundan las medias raciones, tapas y una extensa variedad de platos, con ingredientes de calidad. Entre ellos, no faltan los más emblemáticos de su “hermano mayor”, La Vanduca, como las croquetas, las bravas, las minihamburguesas o los langostinos en tempura.

Nosotros, dudando y salivando, nos dejamos guiar por las amables recomendaciones del encargado. Comenzamos por la tosta de matrimonio de anchoa y boquerón con salmorejo; una buena forma de abrir boca. Le siguieron las croquetas, que probamos tanto de jamón, como de carrilleras (la novedad). Un bocado crujiente, meloso y muy sabroso.

Seguimos con el crujiente de tartar de atún y trufa, una ligera explosión de sabor. ¡Nos conquistó! Después, optamos por media de gyozas con salsa especial de soja y sésamo. Asegurándonos de poder llegar al dulce final, dejamos para la próxima los huevos, patatas, panceta y trufa; y el falso risotto de carrillera al vino tinto con parmesano. Son también recomendables las tortillas semicuajadas al momento.

Tiradito de salmón.

Del apartado de la huerta, siempre que estén en temporada, son destacables las alcachofas confitadas con yema de huevo y jamón crujiente o el tomate ibériko.

Cambiando de tercio, como segundos ofrecen tanto carne como pescados (con crudos). Los dados de solomillo con ajitos y puntas de trigueros son uno de los motivos por lo que te arrepentirás de haber compartido: tiernos, jugosos y una salsa muy sabrosa (para dejar el plato limpio…). También ofrecen un delicioso tiradito de salmón ahumado con salsa de cítricos y cebolla frita.

Para cerrar boca y salir soñando, llegan los postres de la casa. Su torrija caramelizada con toffee y helado de vainilla es esponjosa, con un contraste calor-frío y una textura que se deshacía en la boca. No dio pie al trozo de la vergüenza… Además, degustamos la tarta de limón con merengue, un clásico que nunca falla. Golosos o no, llenos o no, no los querréis compartir

Santancha, es un sitio perfecto para ir con pareja o amigos. Tiene un ticket medio que ronda los 35 euros, muy buena calidad-precio. Se nota el cariño y cuidado que hay detrás en cada uno de los detalles, tanto a nivel gastronómico como en el servicio. Su carta es amplia, para todos los gustos y paladares exquisitos. Adivina, adivinanza… ¿Cuál es un restaurante al que volveremos pronto?

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