La arraigada tradición madrileña del tapeo acompañado de una caña de cerveza bien tirada (también aceptamos vermú de grifo o una copa de buen vino como animal de compañía) no ha perdido fuelle. La crisis sanitaria provocada por el coronavirus no ha logrado (y menos mal…) desterrar nuestra tan apreciada hora del aperitivo, esa en la que toda la ciudad se transforma en una brillante barra (de la infección también nos llevamos la recuperación del trago de usar y tirar, ese en el que se está de pie). Es más, al contrario: nuevos locales siguen levantando persiana con picoteo de diseño mientras que tabernas centenarias y tascas imprescindibles siguen atrayendo a la parroquia.

Y es precisamente al grupo de estas últimas al que pertenece Santa Caña (Plaza Santa Ana, 7), una flamante taberna que ocupa desde hace casi 10 años los bajos de la antigua casa de Canalejas y que sigue siendo, pandemia mediante, un lugar perfecto para picotear algo después de dar un paseo por el Barrio de las Letras o tras acudir a ver una obra al Teatro Español. El agradable y acogedor espacio, decorado con materiales recuperados y restaurados de los antiguos mercados de abastos, refleja a través de su larga nómina de opciones su pasión por la tradición, la historia y la gastronomía española. Y lo hace tanto en su interior como en su terraza, tan demandada en los tiempos que corren.

Sobre la mesa, materias primas de primera

«En nuestras raciones prima el producto por excelencia como protagonista de la mesa. Un auténtico recorrido gustativo por las diferentes regiones de nuestro país», aseguran. Y así es. Como botones de muestra, su jamón ibérico de bellota de Guijuelo, su cecina de Léon, las conservas seleccionadas, los quesos de pastor y, por supuesto, los famosos ahumados del reconocido cocinero Iñaki Camba.

Eso sin olvidar la burrata, el steak tartare, el tartar de atún rojo (y el de salmón), las croquetas de jamón ibérico y bacalao, el tradicional rabo de toro, el secreto ibérico al chimichurri, los pimientos del piquillo rellenos de txangurro o sus escabeches caseros de perdiz y atún. Y ojo, porque como el mercado y la temporada están tan presentes en su carta no hay que dejar de preguntar por sus sugerencias, verdaderos tesoros gastronómicos de nuestros campos, mares y huertas. Todo regado, como su nombre ya augura, con una variedad de cervezas de barril inspiradas en el estilo cervecero de distintas ciudades del mundo. Un auténtico manjar.

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