Si llevar al plato una langostas ya es caro, imagínate si lo es, una que se anuncia como una captura de 1 entre 100 millones. Obviamente, un crustáceo como este no tiene precio. Ese ha sido el sentimiento de un chef de Portland, quien después de recibir en un pedido habitual de este crustáceo una langosta de color azul turquesa bautizada en su especie como“Cotton Candy”. Él ha sido el responsable de liberar de nuevo esta especie rara a la naturaleza.

Cuando llegó “Betty”, así es como la denominaron en el restaurante, los chefs le dieron hogar en el tanque de langostas del comedor pero resultó ser demasiado agresiva. Entonces, fue cuando decidieron llevarla directamente al mar en su propia lancha dejándola en libertad en la bahía de Casco, cerca de Cow Island.