No se está casando con nadie, que decimos popularmente. Y es que Italia y sus ciudades no se cansan de poner trabas al consumidor cuando se trata de dar al turista una buena imagen del país. La última norma implantada afecta a Roma y a sus fuentes históricas, que ya no van a tener que soportar a gente comiendo (y bebiendo) alrededor de ellas.

La alcaldesa de la capital italiana, Virginia Raggi, ha establecido la imposición de una multa de 240 euros a quienes coman y beban alrededor de los fuentes históricas de la ciudad romana. El motivo no es otro que la mala costumbre que los turistas tienen de sacar sus bocadillos y latas de refrescos en cuanto ven una fuente. Comer y beber mientras descansan de una día de intenso peregrinaje por Roma.

¡Las fuentes no son restaurantes! Es lo que ha venido a decir esta alcaldesa con la implantación de esta medida que va a durar desde ya hasta el 31 de octubre, fecha en la que se levanta el veto para hacer picnic en las fuentes, coincidiendo con una bajada en la temporada de turismo.

Por muy drástica que sea esta medida del gobierno local de Roma, se ha dado este paso para evitar aglomeraciones en las más de 40 fuentes de la ciudad, mantener limpio sus aledaños y evitar el deterioro de estos monumentos históricos.

Todo, lo que haga falta, por mantener una ciudad con tanta historia bien limpia.