La calle Velázquez acoge desde hace unos meses otro de esos locales a los que peregrinar cuando quieres acertar. Se trata del restaurante Terracotta, un local donde se lleva la bueno y lo bonito y, aún mejor, su precio se corresponde con la realidad.

Se trata de un formato fine dining con una apuesta por la artesanía presente en su interiorismo, su gastronomía y su coctelería. Su carta rinde homenaje a la cocina de tradición, con recetas revisadas en las que su gran diferencial es la intensidad de sabores que tiene cada uno de sus platos. ¡Ay, esas croquetas de carabinero! Y el puerro a la brasa con tartar de gambón, tan bueno como el säam de papada ibérica glaseada con piña y hierbabuena o las vieiras al Josper con sal de chorizo ahumado.

Su carta líquida es igual de interesante: presume de una bodega dinámica con más de 50 referencias, sangrías de autor, macerados hechos en casa, destilados locales artesanos y cócteles con ingredientes naturales que se disfrutan aún más si continúas al fondo del local, bajo la atenta mirada de una cascada. Ahí radica lo bueno del restaurante Terracotta, que también lo bonito, como su interior, al que no le falta detalle y cuyo diseño ha estado en manos de la interiorista Helena Cánovas, quien se ha inspirado en la tierra para darle cuerpo y alma a este proyecto, el primero del joven empresario leonés Ignacio Sánchez

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