“Somos la historia de una gran ciudad”, explica Ferrán, el padre del director catalán, cuando habla sobre la vida en Can Lluís. Este restaurante mítico del barrio barcelonés del Raval, fue un negocio heredado que pasó de generación en generación dentro de su propia familia: desde el bisabuelo de su padre hasta llegar a Ferrán. Un espacio donde “la gente se sentía como en casa”, indica Julia, la madre de Pol, con una gran alegría mientras recuerda todo lo vivido. Y de ahí surge Ravalear, la nueva apuesta de HBO Max, donde Rodríguez ha usado como fuente de inspiración la historia del establecimiento propiedad de los suyos que tuvo que bajar la persiana tras un desahucio no anunciado.
“Hay parte que es nuestra, pero todo es ficción”, señala Pol. Ravalear nace como un proceso de sanación en el que el cineasta se sumergió para ayudarle a ver que hay muchas contradicciones dentro de esta problemática de la vivienda en Barcelona y que no solo les ha afectado a ellos, sino que va más allá.

“Pierdes la culpabilidad porque no tienes todas las armas”, explica el creador de Ravalear. La serie, que ya está disponible en la plataforma, cuenta la realidad de una familia dueña de un local muy querido en la ciudad, Can Mosques, que se enfrenta al desahucio de su negocio tras haber sido adquirido el edificio donde se encuentran por un fondo que tiene como objetivo vaciarlo cuanto antes. La noticia hace que la familia se desespere pero no se rinde y, junto al apoyo de su barrio, le plantan cara a los nuevos propietarios.
El reparto principal lo completan nombres como Enric Auquer, Sergi López y María Rodríguez. “He visto a Ferrán muy representado y hay muchas de las frases que usa en la vida real”, cuenta Julia a carcajadas hablando sobre Lluís, el papel que interpreta el actor Francesc Orella. “Tengo la suerte de que el papel se lo diesen a él porque, para mi, es un actor extraordinario”, revela Ferrán cuando es preguntado por si se ha visto representado en la ficción. “Es cierto que este personaje bebe mucho de la ironía que tiene Ferrán”, añade Rodríguez.
Sin embargo, a los padres del director les pilló por sorpresa este nuevo proyecto. Para Julia, cuando su hijo les pidió ayuda para recrear algunas de las vivencias del restaurante, sobre todo a nivel culinario, indica que “fue una emoción tras otra”. Cuando les preguntamos que en qué momento sintieron que dejaron de competir contra otros restaurantes para empezar a competir contra un sistema, tanto Ferrán como Julia coinciden en que, para ellos, eso jamás existió.

“Nosotros pensábamos que era maravilloso que abrieran otros restaurantes y bares cerca, porque si los clientes no encontraban sitio en uno, había en otro”, relata Julia. Ellos nunca han competido, pues consideran que cada bar tiene sus maneras de hacer las cosas y que no hay necesidad de crear rivalidades innecesarias. Ambos lograron mantener a sus clientes a lo largo de los años, incluso confiesan que los que dejaron Barcelona por algún motivo, regresaron a Can Lluís.
Pol Rodríguez, por su lado, reivindica que todos somos un poco “víctimas del sistema” tras la crisis de la vivienda que sufrió España en 2008 y que, a día de hoy, sigue siendo uno de los problemas principales de la sociedad española. “Nos estamos dando cuenta ahora de lo difícil que es esto y de las malas perspectivas que tiene”, describe el catalán. Para él es importante que se establezcan unas reglas que sean iguales para todo el mundo y que se tenga conocimiento de ellas.
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