Empezó en una pequeña cocina parisina que ahora se muda a Melbourne junto a su imperio televisivo y literario.

Ser cocinero y convertirse en un éxito televisivo es ‘fácil’ si se siguen algunas premisas básicas. Si eres un Arguiñano basta con confiar en chistes, rimas y el poderío de la cocina vasca. En cambio, si eres un Jamie Oliver, toca sacarle provecho al inocente sex appeal de un ceceo, apoyarlo en el dominio del cuchillo y hacer que recetas imposibles se conviertan en pan comido. Trasladémonos al caso de Rachel Khoo (Londres, 1980) y veremos que el secreto radica en el encanto de una pequeñísima cocina parisina en Belleville. De esas tan mínimas que ni siquiera te planteas cocinar para alguien más que para ti. Como mucho para tu gato. Ella sí se lo planteó, e incluso dejó entrar a todo un equipo de grabación para hacerle testigo de lo que pasaba ahí dentro. Seguramente, los planos del mini horno estrujado debajo de una encimera (en el que podía estar cocinando una quiche lorraine y un bizcocho a la vez) provocaron más de una contractura del cámara. El caso es que de la noche a la mañana la cocinera se convirtió en la viva imagen del sueño europeo, ‘una americana en París’ en su versión british.

Bastaron seis episodios, unos muffins croque madame y su versión del boeuf bourguignon servido con dumplings de baguette para que The Little Paris Kitchen (2012) de la BBC2 se convirtiera en un éxito televisivo visto por 1,5 millones de personas y en un libro que vendió 120.000 copias. De hecho, fue ese libro inundado de recetas que poco saben de calorías –porque prefiere obviarlas y evitar dar sustos–, el que dio vida al programa que convirtió su casa en un ‘acogedor’ restaurante dónde probar las recetas que había recopilado en papel. Probablemente, lo que más llamó la atención de su fiel audiencia fue ver cómo hacía suyo un recetario que nadie se atrevía a tocar –el francés– con una soltura que poco gustaba a los cocineros más mediáticos y merecedores de estrellas, pero que sirvió para que comenzasen a compararla con la otra gran reina de la gastronomia televisiva británica, Nigella Lawson.

Después de un au revoir a París y cinco libros bajo la manga, decidió poner rumbo a Londres de nuevo para dar pie a Rachel Khoo’s Kitchen Notebook: London. Será su espiritú nómada de cuando se mudó a Bavaria a los doce años el que hace que no pueda estarse quieta, o quizá la necesidad de afrontar retos culinarios, pero a partir de ese momento no ha parado. Ha dado el salto televisivo hacia Estambul, Niza, Estocolmo y Barcelona –entre otros–, hizo una pequeña parada en Malasia para revisitar sus raíces y el año pasado alcanzó la que de momento parece ser su última parada: un paseo por las Antípodas gracias a Rachel Khoo’s Kitchen Notebook Melbourne.

Hay veces en que no hay mejor forma de conocer una ciudad que a través de los ojos de un extranjero; se toman vías abandonadas y se descubre el encanto de lo que siempre ha estado frente a los ojos de un local. Esto es lo que hace Khoo, saltar de destino en destino, recuperar los sabores que conforman cada cultura y darles su toque personal (rachelkhoo.com).