ILUSTRACIÓN: Kembeke.

Dicen que «París bien vale una misa», pero esta vez no te va a dar tiempo ni a pisar una iglesia. Tampoco la Torre Eiffel, ya que creemos que el souvenir parisien, el cliché, es mejor evitarlo para disfrutar del lado más auténtico de la ciudad. Así que, entre paseo y paseo, te proponemos unas cuantas paradas en los alrededores del distrito 11, allá por el boulevard Voltaire y la plaza de la República; por ese París que apenas sale en las fotos. Luego ya, si eso, te acercas al Louvre. Pero luego.

París en 24 horas: no vayas a misa

Lo hemos puesto a las nueve y pronto nos parece, porque las noches aquí son largas. Más de lo que crees. Al repasar las fotos dudábamos si publicar la que hicimos a un brioche (antes de devorarlo; dios, qué brioche) en Goût de Brioche, el horno de Guy Savoy en Saint-Germain-des-Pres, otro barrio que merece más de un paseo. Al final nos decantamos por esta de Aux Merveilleux de Fred, una de las sedes del repostero Frédéric Vancamps en la ciudad. Es fácil reconocerlo: suele haber gente pegada al escaparate contemplando cómo le dan vueltas a la repostería para demostrar al mundo que como la francesa… ninguna.

París en 24 horas: no vayas a misa

10:30h – MITOMANÍA
Aunque habíamos dicho que el plan era ir de cabeza
al distrito 11, antes de salir de Saint-Germain-des-
Pres es obligatorio comprar flores en La Boutique
de Sans-Pères y, si acaso la mitomanía se apodera
de ti, dejar unas cuantas en la que fuera la casa
de Serge Gainsbourg (5, rue de Verneuil). Ahora sí
que sí. Ya con el cuerpo metido en faena de venerar
ídolos malditos, coge el metro rumbo a Voltaire
y, sin mirar a los lados para no despistarte entre
tanta tienda moderna, dirígete al Cementerio de
Père-Lachaise. Honoré de Balzac, Colette, Claude
Chabrol, Max Ophuls, Isadora Duncan, Georges
Méliès, Jim Morrison… Están todos, sí.

París en 24 horas: no vayas a misa

14:00h – COMIDA
Si le dices a alguien que se coma un bocata nada
más aterrizar en París… es probable que te mire
raro. Sí, un bocata en la ciudad de las ostras y el
champán. Pero qué bocata(s). La Pointe du Grouin
es el bar de Thierry Breton entre sus otros dos
locales, Chez Michel y Chez Casimir, un antrazo
(en serio) en el que funcionan con moneda propia
que tienes que cambiar allí mismo y donde lo
mismo le puedes hincar el diente a la casquería
que al foie casero o al salmón ahumado en casa. La
otra opción (la de la foto) es Au Passage, donde el
chef Edward Delling-Williams sabe cómo hacerte
feliz. Reserva antes; no es fácil pillar mesa.

París en 24 horas: no vayas a misa

17:00h – DE COMPRAS
Siguiendo la rue de la Roquette desde Bastille,
una callejuela repleta de bares, la rue de Lappe,
te empuja al desvío con la mirada fija en el viejo
y mítico cartel de la sala de fiestas Balajo, esa
en la que bailaron casi todos los que saludamos
por la mañana en Père-Lachaise. Justo enfrente
encontrarás la tienda de ultramarinos Produits
d’Auvergne Chez Teil, uno de esos colmados
clásicos de barrio parisién en el que todo
apetece, incluso llevarse el decorado. Retrocede
ahora a Bastille y enfila recto por el boulevard
Richard Lenoir. Te espera el Canal Saint-Martin,
recientemente drenado y siempre tan bohemio.

París en 24 horas: no vayas a misa

20:30h – CENAR
Aunque en esta nueva excursión a París nos
habría gustado repetir parada en Le Bristol, no
pasar de largo ante Septime (imposible conseguir
mesa) y no tener que conformarnos con el otro
local del chef Bertrand Grébaut, el divertido pero
no sorprendente Clamato, lo cierto es que el viaje
tenía un objetivo claro: Le Baratin. Un pequeño
gran templo gastronómico en Belleville en el que
Raquel Carena –en cocina– y Philippe Pinoteau
–al mando de la bodega– te hacen sentir parte de
ese teatro decadente y afectado que percibes nada
más entrar. Las ostras, las mollejas, las lentejas
con foie, la ensalada de oreja… Imprescindible.

París en 24 horas: no vayas a misa

22:30h – DORMIR (O NO)
Podríamos hablar aquí de hoteles suntuosos,
de sábanas de hilo y vistas a los tejados negros
o de cómo fue la noche de aquella vez en la que
el destino nos llevó a la habitación más genial
del Intercontinental Paris-Le Grand Hotel. Pero
esta vez tocaba dormir poco. Sí, demasiados
garitos por ver (y por beber). La primera parada
fue BeSpoke, perfecto para la primera copa, y,
tras un alto en CopperBay, local de cristales
empañados en el que saben cómo agitar un
buen cóctel e incluso dos, la traca final llegó en
Le Syndicat (foto), garito clandestino con brutal
coctelería en el que todo puede suceder. Todo.

© Ricardo de San Eustaquio\\/ D.Moralejo\\/ D.R.

*Artículo publicado originariamente en TAPAS nº 19, diciembre 2016.
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