Si cada lametazo que damos al helado nos sabe a gloria y nos quita el calor de encima, ¿cómo sería la sensación que experimentaríamos si este cotidiano gesto nos estuviera convirtiendo en auténticos cerebritos?

La pregunta está en el aire. ¿Es o no es el helado una buena herramienta para potenciar la inteligencia? La respuesta la tiene un estudio que ha sido publicado en medio mundo y en diferente plataformas digitales. Un estudio que nadie ha leído en profundidad y totalidad como para darse cuenta de que esta posibilidad no es del todo cierta. Así que, si hubiera que dar una respuesta a si el helado nos hace o no más inteligentes, la respuesta sería negativa.

Pero ha sido bonito mientras ha durado la esperanza.

Concretamente ha sido The Telegraph  el medio que ha dado la voz de alarma y asegurando que se está lanzando al lector un mensaje equivocado. Si alguien tuviera acceso al estudio, imposible porque ha sido retirado del acceso público, uno podría darse cuenta que, por mucho que se hable del asunto y se dé vueltas a la posibilidad de cómo hacer que un helado  en el desayuno –esta es la idea que recogía la investigación- nos vuelva más listos, resulta del todo imposible ya que el azúcar que contiene este alimento acaba con toda tentativa de hacerlo beneficioso para la salud (mental). Por lo que no es cierto el mensaje tan positivo sobre este dulce recogido por la web japonesa Excite.

De manera que periodistas especializados en salud han realizado artículos, tal y como ha ocurrido en Business Insider, recordando los peligros de darse, sin medida, a los helados para intentar subir algún escalón en el medido de coeficiente intelectual. Los helados no nos hacen más inteligentes, no son fuente de sabiduría. Los helados sólo refrescan, y ya nos parece suficiente.