Las bebidas energéticas dan tantas virtudes como problemas si su consumo es abusivo. Como todo en al vida, diréis. Sí y no. Quizá estas bebidas traigan más inconvenientes que beneficios aunque no se manifiesten de inmediato.

Consumir una de estas bebidas cada cierto tiempo no hace daño a nadie, ya que sí es verdad que nos dan ese extra de energía que necesitaremos.
La tarde agónica metido entre las cuatro paredes de tu oficina se hará más llevadera y si tienes algo que memorizar a la vista, te irá todo mucho mejor si le das un trago a esa lata, pero si lo tomas por costumbre puede que termines por arrepentirte.

Cada vez son más las empresas que ponen a nuestra disposición en el mercado latas y más latas de bebidas energéticas, pero no por eso quiere decir que sea bueno y recomendable llenar las despensas de estas bebidas. Ni es bueno para la despensa ni lo es para nuestro sistema nervioso.

Si consumiéramos estas bebidas con poca frecuencia no estarías leyéndonos ahora mismo, el problema está en que estos energizantes están pensados para que su consumo sea regular. ¿Por qué? Porque sus resultados energéticos se ven al momento y eso ya es un atractivo para quien tiene demasiadas horas bajas.

Su contenido en azúcares y glucosa es tal que la sensación de energía sólo nos dura unos instantes, luego el cuerpo vuelve al mismo estado de agotamiento e incluso superior. Eso es, potencia el cansancio y la fatiga porque sólo enmascara sus síntomas durante un breve periodo de tiempo.

Otro problema añadido es el nivel de cafeína que estas bebidas contienen: muchas están entre los 80-500 mg de café, lo que equivale a varias tazas de café en una sola lata. Y no todos los cuerpos, por no decir ninguno, están adaptados para soportar tanta cafeína seguida, por lo que la aceleración del sistema nervioso y del corazón están aseguradas, sometiendo a nuestro cuerpo a un ritmo de aceleración difícil de controlar.

Podemos sufrir subidas de presión arterial, taquicardias, convulsiones o arritmias cardíacas severas difíciles de manejar o devolver a su estado natural y sano.