Hace cuatro años el Gobierno prohibió en todo tipo de locales de restauración el uso de aceiteras rellenables una vez agotado su contenido original con el objetivo de conocer la calidad de los aceites servidos en los restaurantes. El Real Decreto determinaba así que “los aceites que se pongan a disposición del consumidor en hostelería, restauración y catering deben presentarse en envases etiquetados, estar provistos de un sistema de apertura que pierda su integridad tras su primera utilización y disponer de una protección que impida su rellenado una vez agotado su contenido original”.

Desde que se publicó, esta medida ha provocado algunas quejas entre los restauradores, principalmente por suponer un encarecimiento de los costes al tener que comprar botellas, sobres monodosis de aceite individuales y botellas nuevas para cada una de sus mesas. Una normativa que en términos económicos dobla el coste de sus gastos en aceite, pero que es tan necesaria para el cliente como para el propietario.

A pesar de que algunos restaurantes se niegan a seguirla y continúan rellenando con garrafa las aceiteras, el Plan de acción sobre el sector del aceite de oliva de la Unión Europea seguirá sancionando a todos los locales que incumplan la normativa.