Los polvorones son, junto al turrón y el mazapán, los dulces más emblemáticos de la Navidad en nuestro país. Y aunque actualmente en las mesas de estas fechas encontremos incontables productos que poco tienen que ver con nuestra tradición, ellos siempre encuentran un hueco en todas las celebraciones. Tengo que reconocer que este bocado me recuerda a mi infancia, cuando iba con mi madre a la ya desaparecida Casa Mira, en la Carrera de San Jerónimo, para comprarlos.

Según los expertos, distinguir un buen polvorón es fácil porque tiene un inequívoco olor a almendra y canela y si lo coges y aprietas se desmenuza fácilmente, ya que sus ingredientes están muy molidos, hechos polvo, de ahí el nombre. Eso hace que no aguanten la presión, pero si los juntas rápidamente se vuelven a unir. Esta fragilidad es la que hace que se hayan vendido envueltos siempre.

Un poco de historia

Pero hablemos primero un poco de su historia. Desde hace más de un siglo, la localidad sevillana de Estepa y la malagueña de Antequera se disputan su origen, y a pesar de una encarnizada batalla entre ellas parece que nadie ha sido capaz de refutar que la primera receta escrita de polvorones y mantecados de la que se tiene constancia es de 1740 en Morón de la Frontera.

Se sabe también que ya en el siglo XVIII, en el Convento de Santa Clara de Jesús, en Estepa, se elaboraban, pero no sería hasta el siglo XIX cuando su consumo se extendiera más allá de Sevilla y su provincia gracias a la mujer de un transportista que se decidió a vender los que preparaba en casa. Para hacer los dulces menos frágiles y delicados añadió unos minutos de horno al proceso para crear una ligera corteza seca en el exterior de modo que aguantaran los viajes. A día de hoy, este convento produce uno de los mejores de España. La importancia de la torta en estas localidades es tal que se ha convertido en un reclamo turístico para visitar el sur de España durante el invierno. Una visita obligada en la localidad de Antequera es La Perla; se trata de una fábrica que sigue realizando los mantecados de manera tradicional. Mientras te acercas a comprar, puedes ver a sus artesanos elaborándolos a mano y en el horno de leña.

En el norte de España también nos encontramos con algo de historia sobre este producto navideño. Cuentan que en el siglo XVI el Conde de Benavente ofreció este dulce manjar a su señor, el rey Don Felipe II, y a su esposa, que cómo no, quedaron maravillados con él. Poco a poco se fue perfeccionando la receta para hacer de éste un bocado sublime. Tanto es así, que se empezaron a envolver en papel de seda. En el año 1903, la confitería que produce los Mantecados Felipe II presentaba su mantecado, elaborado con harina de trigo, azúcar, manteca de cerdo y harina de almendra Marcona, en la Exposición Internacional de Madrid, donde, por primera vez en la historia, un mantecado recibía la Medalla de Oro y un Diploma de Honor de primera clase. Probablemente no encontraremos ningún polvorón en España con tantos galardones a nivel nacional e internacional como el de esta empresa ubicada en Vitoria.

Los mejores sitios para disfrutarlos

Tradición, dedicación y artesanía, son los ingredientes que han convertido a Dulces Galicia, en Tordesillas, en un referente en el mundo de la repostería y confitería. Entre sus productos más reconocidos, están los suaves y exquisitos Polvorones el Toro, con más de 150 años de historia y tradición.

Madrid atesora algunas de las mejores tiendas donde poder disfrutar de este delicioso manjar. Uno de los lugares más populares para probarlos es La Mallorquina, en la emblemática Puerta del Sol. ¿Quién no ha pasado por delante de su escaparate y no ha podido resistir la tentación de entrar en esta casa fundada en 1894? ¿Su secreto? Recetas artesanales, productos de primera y una atención exquisita a su fiel clientela. Cuenta con dos tiendas más en la Calle Velázquez y en la Glorieta de Quevedo, y puedes hacer tus pedidos a través de su tienda online. Horno San Onofre es otro de los lugares con más solera en la capital; el primero de los locales, ubicado en la calle del mismo nombre, nació en 1972, de la mano de Daniel Guerrero y su mujer Emilia. Esa primera tienda se llamó El Buen Gusto. Luego vendrían La Santiaguesa en 1984, en la calle Mayor, y La Tahona, en Hortaleza.

Dignos de mención son también los de Solokoetxe, que comercializa Leitmotiv Deli, la panadería y pastelería gourmet online con la que los productos te llegarán a casa a golpe de clic. Están preparados con ingredientes únicos, sin mezclas, gracias a lo cual se potencia el sabor y la textura y los convierten en inconfundibles. Otra característica es que no contienen colorantes alimenticios, ni aromas artificiales y como antioxidante usan extracto de romero natural. Los puedes encontrar en dos variedades: originales o bañados en cacao de un solo origen, cosechado y seleccionado en Ecuador. El grano de cacao de la Amazonía ecuatoriana permite equilibrar un sabor entre lo intenso y amargo, lo dulce y suave, todo ello con el fin de conseguir un equilibrio de suavidad y textura. Los de Levaduramadre también pueden encontrarse en estas dos variedades. La clave de la calidad y el sabor de los suyos está en las proporciones, la calidad de la materia prima y, por supuesto, la mano del artesano. La Duquesita, de Oriol Balaguer, incorpora todas las Navidades las típicas fórmulas navideñas, donde no pueden faltar los polvorones artesanos de almendra, sin duda de los mejores en la capital.

Y es que con tan pocos ingredientes y una elaboración tan sencilla, queda claro que para conseguir un “polvorón 10” hay que respetar la calidad de la materia prima y la receta tradicional. A pesar de ser considerado uno de los productos más humildes de la repostería navideña patria, su fama ha traspasado fronteras, convirtiéndose en una seña de identidad de nuestras Navidades.

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