Ya llegó, ya está aquí, la hora del vermuteo ha llegado para quedarse. Desde hace un tiempo nos resulta raro no beber vermut. Nos parece extrañísimo que después de un largo día de trabajo no lleguemos a casa a abrir una botella de vino y servirnos un (o dos) vasos. Con hielo, aceituna y rodaja de naranja incluida. Nos resulta aún más raro no salir de casa un domingo a las 12 del medio día con dirección al bar de la esquina para tomarnos el primer aperitivo del día. Ahora bien, el vermut siempre debe de ir acompañado con una gilda pero también de una buena banda sonora. Apunta… y baila… y bebe.

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