Por mucho que comer en la cama sea un ritual sagrado, sobre todo en fin de semana, también es una ocurrencia dañina para el organismo.

Sí, la respuesta es afirmativa. Hacer casi todas las comidas del día en la cama es dañino. Poco recomendable si queremos tener una salud de hierro con ninguna complicación, tanto en cuerpo como en mente, según dice el psicólogo Michael Brustein.

Este médico especialista centra el foco de atención de esta problemática en la cantidad de distracciones que tenemos a nuestro alrededor cuando tomamos la mala decisión de comer en la cama. Por ejemplo, al hacerlo, por norma general, solemos compatibilizarlo con otra tarea, ver la televisión, trabajar en el ordenador, leer o cualquier otra actividad que permita alternar ambas acciones mientras estamos tumbados o recostados. Y, al hacer todo esto, sin darnos cuenta, estamos incitándonos a nosotros mismos a comer más, básicamente porque comemos por inercia y no por necesidad.

Desde el punto de vista más estrictamente médico, comer tumbados, en posición horizontal o ligeramente recostados en la almohada, puede provocar problemas digestivos, como el peristaltismo, que no es otra cosa que la activación de reflujos ácidos.

El sueño es otro de los factores que pueden verse alterados, ya que la cabeza de concebir la cama como lugar de descanso, por lo que ya no relacionaremos meternos en la cama para dormir y esto puede alterar los horarios de sueño.

Está claro que la miniserie Big Little Lies se ve mejor entre almohadas y edredones, pero el cuerpo dice que nos prefiere levantados y sentados a la mesa.