En 1845 un aguerrido tarraconense, Jaime Partagás y Ravell, abrió en La Habana la fábrica de habanos Partagás. Ahora, su legado se pone a los pies de la hora del aperitivo.

Cuando Colón llega a la isla de Cuba, es recibido por los indios taínos e invitado a la ceremonia de cohiba a fumar puros. El viejo mundo ignoraba la existencia de la planta del tabaco, ni estaba clasificada ni se sabía para qué se usaba: curar picaduras, como condimento… Lamido, masticado, esnifado, o en cataplasma.

Su lado más lúdico se hace presente en Partagás Serie D No. 5, disponible en el club privado Pasión Habanos de la madrileña Casa de América a la mejor hora del día, la hora del aperitivo. Su bocanada amplia de 30 minutos resulta ideal acompañada de la intensidad y untuosidad de un vermut rojo reserva de Reus.