Venga, levántate, quítate las sábanas de encima y ponte tus mejores galas de fin de semana. La razón por la que hoy quedarse remoloneando en la cama está absolutamente prohibida es porque hay una Chocolate Kitchen en la calle del Carme a la que hay que ir. Dudamos que no hayas encontrado una foto de un colorido, apetecible, impresionante y deslumbrante donut en alguna de tus redes sociales. Sí sí, el de Chök, ese que está colgando de tubos semejantes a las masas dulces de origen holándes que llegaron a Nueva York a finales del siglo XIX. Nadie puede resistirse a esa imagen y nadie con una ápice de sentimiento goloso corriendo en su interior es capaz de visitar Barcelona sin caer rendido a estas rosquillas bañadas en chocolates recubiertos de frutos secos o frutas liofilizadas. Lo mejor de todo es que su valor nutricional no es (ni de lejos) comparable al que encontramos en la bollería industrial porque está elaborada con menos azúcar, grasa y un menor tiempo de fritura. Para gustos los colores y aquí las opciones van desde donuts salados a dulces en sabores bastante curiosos como los cubiertos de chip de patata o PetaZ. Cada semana los sabores cambian y sacando hasta cinco nuevas creaciones a la semana han desarrollado hasta 200 productos nuevos a los cuales hincarles el diente.

Los donuts o cronuts no son siempre los favoritos de los que necesitan azúcar en vena para sobrevivir pero siempre hay solución y en Chök se aseguran de que el chocolate esté bien representado en chökanias, patatas chips con chocolate, macarons, cupcakes, bombones, churros o manzanas gourmet. Cualquier sitio donde se tomen en serio el chocolate vale la pena y más aún si lo hacen un lo que ya una vez había sido una fábrica de chocolate modernista. Historia y sabor: ¿Ves como las razones para salir de la cama eran más que suficientes?