Ahora que estamos a la vuelta de la esquina de darnos de bruces con Semana Santa, las alarmas se disparan: cuidado con comer carne en Cuaresma. Los más devotos ven su consumo como una ofensa a Cristo, mientras que los ateos hacen caso omiso a esta advertencia pero, ¿qué pasaría si dejáramos de consumir carne todos los viernes del año, independientemente de la fecha del calendario? ¿Sería bueno? Puede que sí.

Si renunciáramos a un pedacito de carne todos los viernes del año, y no sólo en Cuaresma, esto es, desde el Miércoles de Ceniza hasta la Semana Santa, no nos ocurriría nada malo, tampoco nuestro cuerpo sufriría porque estaríamos hablando de un solo día, pero sería suficiente para hacernos recapacitar sobre nuestros hábitos alimenticios. Algo así como trasladar la filosofía de la abstinencia cristiana de la Cuaresma a todos los viernes del año para enfrentarnos a nuestras tentaciones, como hacen los católicos en este período de Pasión de Cristo, y demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de vivir controlando nuestros deseos y gulas.

La clave estaría en volver a dar prioridad a los alimentos que un día tuvieron casi exclusividad en las casas antes de la llegada de las carnes: frutas, verduras, hortalizas, legumbres y cereales.

De manera que fomentar los viernes sin carne sería una iniciativa llena de ventajas y beneficios para el organismo: nos alimentaríamos de productos frescos obtenidos de la tierra, en su mayoría, daríamos al cuerpo una dosis extra de energía con proteínas vegetales y carbohidratos, nos sentiríamos más saciados pero menos pesados y entraríamos, sin darnos cuenta, en una espiral de hábitos saludables para nuestra salud y alimentación.

Que todos los viernes del año sean viernes de Cuaresma.