Donde hasta mediados de la década de los noventa se repararon trenes de la antigua República Federal Alemana, ahora hay más de 3.000 metros cuadrados de hangares decorados con graffitis y rebosantes de food trucks, exposiciones de arte, músicos callejeros y mercadillos donde encontrar todo tipo de baratijas, muebles viejos, ropa… ¿Dónde? En Berlín, por supuesto. Neue Heimat es uno de los nuevos epicentros de la vida urbana de la ciudad. Una fábrica del siglo XIX que se ha convertido en refugio de artistas, de creativos, de amantes de la noche y de la cultura, de los personajes más pintorescos y multiculturales de la capital del underground. Es simplemente un neue heimat, un ‘nuevo hogar’ en su traducción literal. Pasad, estáis en vuestra casa.

Transformar una antigua estación de ferrocarril en un espacio urbano dedicado a conciertos en vivo, obras de arte, espectáculos y workshops, es una gran idea en sí misma que incluso ha tenido réplica en otras ciudades, como Madrid y su ya famoso Mercado de Motores. Pero aquí se cuece algo más intenso… más berlinés. Fue hace ya dos veranos cuando Neue Heimat revivió una parte de la ciudad casi olvidada por los berlineses, el barrio de Friedrichshain, al que solo acudían los que buscaban fiesta hasta la madrugada, after hours y paredes abandonadas en las que darle con intensidad al spray con ansias de graffiti. la plaza del pueblo Cuando, a comienzos de 2014, se decidió que los planes para estos terrenos pasaban por construir edificios de apartamentos y revalorizar el suelo de la zona, los vecinos de los alrededores votaron en contra y decidieron conservar este lugar como símbolo de la cultura y el ocio. Esto es lo que Neue Heimat pretende transmitir, la idea de una ‘casa’ abierta en la que niños y adultos de diferentes orígenes sociales puedan unirse y reunirse; un lugar que, según sus creadores, pretende funcionar “como una plaza de pueblo”. Por esta razón, el programa va más allá con el fin de llegar a nuevas multitudes: DJs los jueves, noches de jazz los viernes, food trucks durante los fines de semana y cursos de diseño cualquier día. Durante el invierno se transforma en Holy Heimat, un moderno mercado de Navidad que ofrece una pista de patinaje sobre hielo y casetas donde comprar regalos alternativos y disfrutar de su típico vino caliente.

El concepto de este hogar, creado por Danny Faber, Andreas Söcknick y Sebastián Baier, ha sido bien recibido por berlineses y extranjeros por igual, también en lo gastronómico. Así, cada domingo dan la bienvenida a los cientos de visitantes que se trasladan hasta allí para probar delicias culinarias de los cinco continentes. Costillas al whisky, hamburguesas asiáticas, pasteles veganos, paella (sí, paella), burritos o platos caribeños se pasean hasta bien entrada la noche(recuerda, esto es Berlín y aquí se duerme poco) entre edificios abandonados quese controlan gracias a RAW-Tempel, una asociación sin ánimo de lucro encargada de dar un uso objetivo a cada edificio, convirtiendo así en legal un sistema de autogestión dedicado a la cultura. Y, aunque en ningún momento se han planteado expandir su idea a otras partes del mundo, quizá no estaría de más inspirarse en ellos para montar ‘nuevos hogares’ en nuestras ciudades. ¿Lo intentamos?

©CorneliaThonhauser