Pedir demasiado en un restaurante y dejar comida intacta en el plato, ¿a quien no le ha pasado? Y lo más importante, ¿qué haces con ella? La respuesta correcta sería: pedirla para llevar.

Hace unos años casi era impensable que después de comer fuera de casa, si había sobrado algo en el plato, el camarero te preguntase si querías llevarte la comida, pero hoy es una realidad para muchos. Y a los otros, ¿qué les pasa? La vergüenza, eso es lo que pasa. Ese sentimiento que corta a la gente de hacer cosas gustosas, apetecibles, impensables y hasta, a veces, arriesgadas.

Pedir los restos de tu comida -que ya has pagado- en un restaurante no es vergonzoso. Digamos que es más un compromiso con la comida. Son tus alimentos; si estas lleno en un momento determinado, ¿por qué no los puedes disfrutar 6 horas más tarde? Es la vergüenza, el qué dirán, que nos parece tan malo que nos lleva a actuar de forma tímida. Hay incluso personas a las que les sienta mal que el propio camarero, si ve una cantidad aprovechable en el plato, sea el que pregunte lo que para ellos es algo incómodo: “¿lo quiere para llevar?”

Si no lo comes tú, se lo comerá la basura. ¿Qué prefieres?.