A Saugerties Lighthouse, el típico hotel que parece de película pero no, existe. Y está muy cerca de Nueva York.

Patrick y Anna Landewe podrían pasar por hipsters neoyorquinos, pero no. Son fareros. Un curioso puesto de trabajo que hoy nada tiene que ver con el de Abraham Parsons allá por 1835, cuando la luz del faro de Saugerties aún era necesaria para iluminar las riberas del Hudson, a dos horas río arriba desde Nueva York. Hoy, tras la remodelación acometida hace unos años, el edificio –cuyo uso original dejó de tener sentido con los avances tecnológicos– se ha convertido en un monumento y, sobre todo, en el lugar perfecto para colgar fotos de las que revientan el índice de likes en Instagram. Es por esto que los Landewe no se levantan cada noche para comprobar si el aceite sigue prendiendo la mecha de la enorme linterna, sino que se despiertan cuando sale el sol, momento en el que preparan los mejores desayunos de la zona. Sí, en la cocina del faro. Porque Saugerties es un hotel tipo bed and breakfast que, de jueves a domingo durante todo el año, abre sus puertas como refugio favorito sobre todo de neoyorquinos que huyen del asfalto como alma que lleva el estrés. Situado al final de un camino por el que solo se puede llegar a pie (que no cunda el pánico, son 800 metros), cuenta con dos dormitorios dobles decorados al mejor –y más acogedor– estilo de la Costa Oeste, y también existe la opción de alquilar el faro entero y llevar camas supletorias. El plan aquí cumple con todos los requisitos del tan de moda JOMO (Joy of Missing Out), es decir, del dolce far niente llevado al extremo: pescar, contemplar a las aves, hacer picnics… y poco más. Pero a ver, quién quiere más cuando esto es suficiente. Que se lo pregunten a los Landewe (saugertieslighthouse.com).