Beber bien es beber con clase, y esto es algo que Diageo defiende con las marcas de lujo que supervisa y dirige en España y Portugal Ángel Piña

La vida se rige por recuerdos y momentos. A cada segundo, uno nuevo se convierte en parte de nuestra historia a través de bocados inolvidables y magníficos tragos. Que si una cena en un estrella Michelin para celebrar un aniversario, una cerveza helada para acompañar los nervios por esa Champions o una copa para alargar una sobremesa de lechazo y ensalada de la huerta. Una más y nos vamos. Y todo ello llega con la edad y la experiencia para decidir que beber (bien) ya no es una opción, sino un estilo vida. Ángel Piña, director de la Unidad de Negocio de Marcas de Lujo de Diageo, dedica su vida exactamente a eso, acercando al público un extenso repertorio de etiquetas con historia y herencia. “Estoy en este negocio por vocación y placer, porque quiero impactar positivamente a las personas a través de productos aspiracionales”, confiesa. Para ello cuenta bajo su cuidado con marcas que son todo un placer para cualquier mueble bar. Placer y orgullo. Porque, ¿quién no ha alardeado alguna vez de haberse tomado una copa de Johnnie Walker Blue Label en casa de sus suegros o de haber probado por primera vez un Zacapa on the rocks? “Lo interesante de mi trabajo es inspirar a nuestro público y llevar a la industria de los espirituosos hacia todo este disfrute de una forma responsable. Porque para mí el lujo es el fine drinking: beber menos, pero beber bien”.

LA PRÁCTICA HACE AL MAESTRO

Sentado en la barra de Arahy (Alcalá 58, Madrid) y disfrutando de un dry martini de Tanqueray Nº Ten, Ángel desvela su secreto para saber llevar algunas de las marcas con más historia y poder icónico del porfolio de lujo de uno de los distribuidores de espirituosos más potentes del mundo. “He trabajado en el universo del lujo y la belleza, tanto en cosmética como en peluquería, y los guiños que esas marcas de lujo dan a sus productos a través del posicionamiento, lanzamiento o packaging son increíblemente extrapolables a la industria en la que me encuentro ahora, de una forma que incluso, resulta más novedosa”. Ejemplo número uno esa campaña mundial del whisky Haig Club –cuya botella fácilmente puede confundirse con la de un elegante perfume– con David Beckham como socio y embajador. Porque no hay nada más ingenioso que crear un vínculo entre los valores de una marca y los de un deportista de elite como Beckham. Y si el lanzamiento de Haig Club ha sido su más reciente bombazo, el siguiente viene de la mano de los whiskies de malta con vínculos a destilerías de hasta 400 años de antigüedad. Según Piña, estos whiskies se han puesto de moda porque el consumidor busca experiencias con productos que siguen un ritual a la hora de disfrutarlos. “En momentos de bonanza económica el disfrute del lujo consistía en alardear, en ver y ser visto, pero ahora vuelve el lujo para ser disfrutado en la intimidad, y los rituales de los maltas encajan con esa filosofía”, reitera. Siendo España un país que sigue decantándose por el whisky (sí, a pesar de los años de bonanza de la ginebra que corren), Ángel seguramente no tenga ningún problema en hacer que despunten marcas míticas como Lagavulin, Cardhu o Talisker. En lo que respecta a nosotros, no tendremos ningún problema en darles la bienvenida a nuestros hogares y seguir disfrutando con paladar… y con cabeza.

©LuisCamacho