Todos los comienzos son difíciles. Enero trae consigo las consecuencias de los excesos navideños y el ahorro es inevitable. Aunque siempre busquemos buena calidad, el precio es otro factor fundamental. Estos restaurantes reúnen esas dos características y puedes encontrarlos en casi toda la península.

El Lola (Cádiz)

En esta taberna la estrella indiscutible es la ensaladilla rusa, una de las obras más aclamadas de nuestra gastronomía que, en este caso, se elabora con un aceite de langostinos hecho con sus cabezas. Éste es uno de los muchos platillos sensacionales que pueden degustarse y en los que el atún rojo se vive y se siente con especial intensidad. El ambiente joven y folclórico completa una experiencia singular. (Texto: Marcos García Parajón)

Casa del Drago (Tenerife)

Su privilegiada situación, bajo el Drago Milenario, hace que sea un imprescindible para todo visitante de la isla. En una casa con fachada del 1748, se encuentra el Bristo & Market, una terraza rodeada de naturaleza ancestral, pinturas en las paredes y piezas antiguas. Famosos son sus brunch, que diseñan según temporada o día, aunque su punto fuerte es el almuerzo, ya que no cierran y se puede comer a cualquier hora. Para ello, utilizan una cocina sin combustión, sin fritos, ni congelados, sólo con producto local, de cercanía y de temporada, como vinos, quesos, mieles, mermeladas artesanas, panes o aceites. (Texto: Ana Medina)

La Gatera (La Palma)

Con la intención de sorprender y hacernos disfrutar, Mariana da rienda suelta a sus ideas más disparatadas en La Gatera, y lo consigue. Sólo llevan abiertos poco más de un año y, gracias a que trabajan con la misma ilusión del primer día, se han convertido en uno de los gastrobares más top de La Palma. En la carta, que cambia muy a menudo y según estación, lo que prima es el producto de temporada, perfectamente elaborado y una presentación impecable. Las croquetas de jamón con ali-oli de ajo asado y huevo de codorniz o las de langostinos con carabineros y kimchi no deben faltar a la mesa. Tampoco el cordero lechal a baja temperatura con puré de boniato y almendras. Su versión del postre isleño Príncipe Alberto, te sorprenderá. (Texto: Ana Medina)

El Geco Libero (La Palma)

Nació en 2007 como pequeña pizzería con sólo dos trabajadores y hoy puedes disfrutar de sus pizzas y pastas en varios locales de la isla. Al frente, Aldo Giovanni, un italiano y viejo conocido de la isla que llegó hace 24 años y que tiene muy claro cómo elaborar la auténtica cocina italiana con productos del campo e ingredientes ‘de pobre’, sin descuidar la calidad de los mismos. Para las pizzas, utiliza masa madre y un horno de leña –de los poquitos que hay en la isla–, donde emplea sólo leña de almendros. Para sus pizzas y pastas, elaboradas artesanalmente a mano, apuesta por los productos de cercanía y de pequeños productores locales: orégano de El Paso, atún rojo de Tazacorte, miel de Garafía, e incluso pimientas de producción propia. (Texto: Ana Medina)

La Salsa (La Gomera)

En Valle Gran Rey, un hermoso valle al oeste de la isla de la Gomera, se encuentra La Salsa. Aunque cierran en mayo, junio y julio, merece la pena buscar un hueco el resto del año para disfrutar de las recetas que elaboran con mucho amor –algo que se nota–. Ensaladas ecológicas con producto de cercanía, pastas frescas que hacen ellos mismos, pescados locales y carnes muy bien elaboradas. Fieles a su lema ‘Fresh Food & Good Mood’, aquí lo que impera es el buen rollo y el buen ambiente, gracias a un equipo joven y muy amable que hace que nos sintamos como en casa y que queramos volver en futuras escapadas a la isla. (Texto: Ana Medina)

Petit Bangkok (Barcelona)

La calidad de los currys del Petit Bangkok, así como otros platos de cocina tailandesa sencilla y tradicional de su extensa carta, se encuentra muy, pero que muy por encima de cualquier otra propuesta similar, y hemos probado unas cuantas. Basta con hincar el diente a uno de ellos (verde, amarillo o rojo), o a sus sopas, sus woks, sus platos de pasta o arroz o su pad thai (uno de los hits de la carta) para comprobar que estamos ante uno de los grandes. Un restaurante que ha ido ganando adeptos gracias al boca-oreja y que ahora es, para muchos, ese lugar al que ir una vez a la semana (u optar por el take away) para devolver al paladar esos sabores exóticos e intensos, los colores y aromas de Tailandia. Por algo es un clásico. (Texto: Laura Conde)

La Nueva Allandesa (Asturias)

Se definen como “fonda” y no les falta razón. Es ésta una casa de comidas por la que no pasa el tiempo. El comedor está siempre lleno de un público variopinto, de todas las clases sociales y edades –ahora también muchos peregrinos del Camino de Santiago–, que busca su cocina contundente y abundante a base de guisos y recetas que han pasado de madres a hijas. Siguiendo además la tradición asturiana de la montaña, prácticamente todo lo que sirven es de producción propia, desde las hortalizas y las legumbres hasta los embutidos o las carnes. Y, muy importante: todo a precios muy comedidos. Hay que ir con hambre para disfrutar de un auténtico festín de cocina tradicional: pastel de morcilla, unos de los mejores potes asturianos del Principado, pastel de verduras (de repollo y guisantes, cubierto por una salsa de tomate casera), repollos rellenos de carne, pitu guisado… (Texto: Carlos Maribona)

Casa Nuevo (Asturias)

Muy cerca de Avilés y de la playa de Salinas, en un bucólico valle, se encuentra la aldea de Pillarno. Y allí, este restaurante tradicional que mucha gente conoce también como Casa Pepón. Practican una cocina casera muy bien ejecutada y en raciones contundentes, como suele ser habitual en Asturias. Imprescindibles sus especialidades: el arroz con pita, las patatas y las cebollas rellenas, el pote de berzas y la fabada, servidas, como el resto de platos de la carta, con la sopera o la fuente en el centro de la mesa y a precios de los de antes. Conviene reservar en el comedor de arriba, desde el que se disfrutan unas bonitas vistas al valle. (Texto: Carlos Maribona)

Casa Juan (El Hierro)

El Hierro no sólo es conocido por la famosa serie que lleva su nombre, sino también por este restaurante, situado en La Restinga –el pueblo más al sur de Europa–, que es de visita obligada en la isla canaria. Aunque llevan casi medio siglo de recorrido, hace apenas unos años renovaron el local y su carta con un toque más actual, pero sin perder la esencia y la calidad del producto de antaño; como su famosa sopa de marisco, con burgados, lapas y cangrejo, receta que les dio la fama. Gran variedad de pescado local, directamente del puerto a la mesa, y platos de temporada fuera de carta como el patudo canario (atún rojo). Todo acompañado de vino herreño. (Texto: Ana Medina)

Bunkerbar (Zaragoza)

Moderno y consolidado local con una singular decoración de motivos selváticos y un gran gorila en la puerta que da la bienvenida. Es la apuesta de Eloisa y Carol Lasmarías, con la participación de Iván Acedo, propietario del gran Complejo Hostelero Aura. El auténtico bunker que esconde se ha convertido hoy en un reservado para unas 20 personas. Además de un amplio surtido de cócteles elaborados con los mejores licores, destaca la brasa y sus elaboraciones de chateaubriand, pulpo, atún rojo de la Almadraba, carpaccio Harry’s Bar, dados de solomillo con soja y otras delicias. Quizá una de las mejores ofertas y más actuales de la ciudad. (Texto: Juan Barbacil)

Torre del Salvador (Teruel)

Bajo la Torre del Salvador, una de las emblemáticas torres de la ciudad de Teruel, se encuentra este acogedor restaurante, regentado desde el año 1985 por la familia Guillén-Soriano. Mezclan lo tradicional de la zona con algunos guiños a la vanguardia: desde la clásica paletilla de ternasco (cordero de menos de 11 kilos en canal) hasta la esfera de bacalao ahumado relleno de pimientos, pasando por una mousse de queso de Albarracín con dulce de membrillo casero. En temporada no falta la trufa negra y siempre está presente el jamón de Teruel con denominación de origen. (Texto: Juan Barbacil)

El Bodegón (Potes)

En la capital del valle de Liébana y a pie de carretera, se encuentra esta típica casona cántabra decorada al más puro estilo rústico. El comedor es atendido con simpatía por Ángel Terán y, en la cocina, obra Magdalena, su mujer, que prepara recetas sencillas y tradicionales basadas en productos típicos de los valles lebaniegos. No dejen de probar el borono (parecido a la morcilla) con repinalda (manzana), o el magnífico cocido lebaniego con su sopa y compango, además de las carnes de la comarca, sobre todo el solomillo. Y para poner broche de oro a la comida, pidan de postre canónigo, típico de la zona, o una tabla de ‘quesucos’ de Liébana. (Texto: Javier Hernández de Sande)

Método

Sorprendente restaurante en Teruel con una oferta que merece la pena probar. Tanto la decoración como la atención del restaurante son muy singulares. Y por supuesto su carta, en la que destacan el atún rojo Balfegó, el ternasco de Aragón y unas carnes de gran calidad especialmente cuidadas, como las brochetas de entraña Black Angus de Teruel, cocinadas en el Kamado (horno cerámico originario de Japón). En definitiva, lo que aquí se ofrece es cocina mediterránea y fusión asiática que respeta la calidad del producto local e incorpora sabores procedentes de todo el mundo. (Texto: Juan Barbacil)

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