Chiringuitos los hay de todos los colores, eso es así. Al menos aquí, en España… porque el verano en nuestro país, y esto es indiscutible, no sería verano sin ellos. Los hay más clásicos, los que lucen como toda la vida vaya, otros presumen de rollito chill out y música en directo, pero sea como fuere, el requisito indispensable es que se encuentren anclados sobre la arena de uno de nuestros sitios preferidos: la playa.

Por eso, ahora que la época estival está aquí, somos muchos los que consideramos que el mood disfrutón no ha empezado del todo hasta que no nos regocijamos con un buen aperitivito que tenga como banda sonora el batir de las olas del mar. Eso, y también una increíble puesta de sol con detalles que marcan la diferencia, como un Aperol Spritz en mano.

¿Que por qué? Pues porque además de refrescarnos (y tan ricamente, oye), esta bebida social siempre ha sido, es y será sinónimo de buen rollito, del placer de la vida y de la importancia de conectar con los tuyos y transformar toda cita en única. En resumen, ayuda a llenar el verano de luz y color. Y como en TAPAS somos fieles amantes de la temporada de sol, playa y arena, en la que todo importa, hemos elaborado de la mano de Aperol Spritz una lista de 25 chiringuitos donde deleitarse con los pequeños gozos de la vida. Y que salga el sol por donde quiera…

Blue Bar (Playa Migjorn, Formentera)

La impresionante puesta de sol que ofrece suma espectacularidad si se disfruta con un Aperol Spritz en mano, como todo. Y de ahí que Blue Bar lleve cautivando a naturales y foráneos desde que comenzó a servir sus primeros mojitos, en los 60. Después, a finales de los 90, se transformó en un restaurante… y desde entonces, puedes encontrar platos mediterráneos y asiáticos que se conjugan con fortuna: pastas, risottos, ensaladas, carnes y pescados frescos… Aviso a navegantes con descendencia: tiene zona infantil. Un chollazo.

La Luna (Cádiz)

Comer junto al mar en Zahara de los Atunes, disfrutando de las vistas y de la brisa marina, siempre agrada. Y más si sobre el mantel hay arroces, pescado de la bahía y, como no podía ser de otra manera, atún de almadraba, esa pieza tan deseada en los últimos tiempos por los gastrónomos de pico fino. ¿Que qué más? Una amplia oferta de bebidas, donde por supuesto no podía faltar Aperol Spritz. La dilatada experiencia que demuestra su equipo, la puesta de sol y la música en directo hacen el resto.

Frida Pahlo (Málaga)

Ecléctico, artístico y con un ambiente envidiable que ameniza el Paseo Marítimo del Pedralejo, este local de dos plantas tiende puentes entre culturas. Como cuenta su nombre, un guiño a la reconocida artista que habitaba la Casa Azul, mira hacia México sin perder de vista sus raíces homenajeando al cercano barrio de El Palo. Esto se traduce en una carta viajera con algún que otro aire sureño, sabores que combinan a la perfección con Aperol Spritz.

Ventuno Beach (Mallorca)

Toma su nombre, Ventuno (que en italiano significa 21), del año en que nació «la nonna else», una mujer oriunda de Umbría que creció en Abruzzo y se esforzó por transmitir a los suyos el amor por los productos de su tierra, así como a transformarlos en platos con la pasión que solo una abuela puede tener. ¿El resultado? Una tercera generación que se esmera en ofrecer «buena comida (sirva como botón de muestra el tataki de atún con pak-choy, salsa teriyaki y mayonesa de jengibre y wasabi), música, sensaciones, felicidad y relax». Completa la experiencia con el aperitivo italiano por excelencia: Aperol Spritz. Apetece, ¿no?

UM Begur (Girona)

Desembarcó en la hermosa playa de Begur hace un año con un concepto de chiringuito sostenible: aquí no se usan botellas de plástico, el baño se ha construido reutilizando contenedores marinos a los que se les da una segunda vida y su razón de ser es la de no generar más residuos. ¿En el plato? Productos muy frescos, como las ostras o el ceviche limeño de corvina. ¿En la copa? Puedes encontrar una variedad de bebidas locales y nuestra favorita, Aperol Spritz. Las magníficas vistas y la música hacen el resto.

Sa Cova (Playa Cala’n Blanes, Ciutadella, Menorca)

Antes de que funcionase como chiringuito, en los años 70, la antigua cueva en la que se sitúa servía para que los pescadores de la zona pudieran custodiar sus barcas. Pero lo que defiende hoy es bien distinto: una nómina de recetas marcada por las disponibilidades del mercado y diferentes variedades de paella y pescados frescos. Todo esto mirando al mar, claro.

Los Baños del Portet (Denia)

«Nada sabe como el Mediterráneo. Nada huele como el Mediterráneo. Nada ni nadie da lo que tiene nuestro mar», reza su web. Y no le quitamos razón. Así, precisamente a través de una oda a nuestra tierra, es como nace Los Baños del Portet, un oasis que lleva directamente del huerto (y del océano, claro) a la mesa un producto de auténtica proximidad. Hay ensaladas (como la de tomate, mango, aguacate y cebolla), tellinas, zamburiñas, pulpo seco de Denia, sardinas a la parrilla, lagarto ibérico… y Aperol Spritz. Se nos hace la boca agua solo con pensarlo.

Miradoriu (Playa de Vega, Ribadesella, Asturias)

Desde la salvaje y atractiva playa de Vega, frente al Cantábrico, es posible contemplar la más bella puesta de sol de Asturias. Luisa Cajigal, dueña junto a Abel Álvarez del afamado Güeyu Mar, es consciente de ello… y puede que por eso, entre otras cosas, decidiera ponerse también al frente de El Miradoriu. Ella se encarga de la gestión y de la cocina del establecimiento, que desde luego debe ser considerado como mucho más que un simple restaurante de playa. En el menú, productos del mar (obviamente…), guisos de cuchara y magníficas carnes.

El Puntal (Playa de El Puntal, Somo, Cantabria). 

Que coger un barco sea requisito indispensable para llegar a un chiringuito es un comienzo cuanto menos atractivo… y es precisamente lo que hay que hacer para ir a este, ubicado al otro lado de la bahía de Santander. Si no tienes velero (vaya, si eres un mortal normal…), puedes subirte al de los hermanos Tricio, que ya son diestros en acercar a gente allí (lo hacen desde los años 60). Una vez en tierra, ensalada de tomates de Cantabria, almejas a la sartén y sus inconfundibles albóndigas de bonito.

La Milla (Urbanización Los Verdiales, Marbella)

El emplazamiento del chiringuito con aires de restaurante de Luismi Menor y César Morales ya dice bastante: vive entre los hoteles Marbella Club y Puente Romano. Pero es que, además, ha jugado desde el principio (lleva en activo casi ocho años), con una gastronomía basada en el producto fresco y de extrema calidad, que combina de diez con las más de 900 referencias de vino que incluye su carta líquida. Todo un festival de sabores que finaliza con un descanso en sus lujosas camas de playa. Por eso no extraña que se haya ganado a pulso su buena fama.

Los Pinares (Playa Los Pinares, Cabañas, A Coruña)

Nació siendo un merendero frecuentado por pescadores, allá por los años 50, y después se convirtió en uno de esos lugares en los que lo de Galicia calidade gana fuerza. Hay que probar el típico arroz con berberechos y sus almejas con pulpo, pero también son obligatorias la paella negra con calamar y alioli y la paella de algas (ecológicas). Ah, y cuenta con un servicio de comanda digitalizada, ideal para los tiempos que corren.

Cala Gracioneta (Sant Antoni de Portmany, Ibiza)

El sabor mediterráneo se cocina con tiempo, buenos productos, mucho cariño y algunos toques secretos. Y así es como precisamente lo hacen en este agradable refugio, situado a la orilla de una pequeña joya de aguas transparentes que se esconde en un tranquilo rincón de la costa de San Antonio. Su especialidad es la brasa en general, así que irse de aquí sin degustar sus carnes y pescados debería estar terminantemente prohibido. Eso sin dejar atrás sus arroces.

Los Tarahis (Agua Amarga, Almería)

A banda, bogavante, pulpo, marisco, negro, señoret… “Si quitas el arroz, quitas la esencia de la playa”, dicen aquí. Y razón no les falta. Eso sí, siempre que se siga la receta familiar, como es el caso. ¿Otros de sus hits? El calamar relleno de verduras, pasas y piñones, los salmonetes fritos y las almejas. Buena comida, buen servicio y buenas vistas. La compañía es cosa tuya, faltaría más.

Blue (Santa Eulària des Riu, Ibiza)

Ojo, porque pertenece al hotel W Ibiza, situado en la bahía de Santa Eulalia… y de ahí que cuente con unas espectaculares vistas al Mediterráneo que quitan el hipo a cualquiera. Su cocina aúna recetas españolas con fórmulas exóticas que invitan al comensal a viajar por países como Turquía, Italia o Israel… Y para reposar, nada mejor que tumbarse en una de sus camas, sobre la arena de la playa, para no hacer nada, dormitar, leer o mirar las olas. De locos.

Alma Playa (Rincón de la Victoria, Málaga).

Levantó persiana en mayo de 2020, con la pandemia de por medio. Y aun así, la cosa no le fue mal en absoluto… Tanto es así, que su propietaria, Daniela, tenía en mente cerrar unos días en invierno para tomarse unas vacaciones, pero “el cliente no quiso”. ¿Su clave? Vistas al mar, cocina hecha con mimo, un ambiente de lo más acogedor y Aperol Spritz.

Azul Sunset Point (Valencia)

Se encuentra en un espacio privilegiado, escondido pero accesible: al final de la Marina Real de Valencia, en la dársena norte, junto al mar. Y su razón de ser es el espíritu «slow life»: además de a comer bien y a regocijarse con un espontáneo Aperol Spritz, aquí se viene a pasar un buen rato. En la carta, productos mediterráneos y de temporada se descifran en fórmulas que concuerdan tanto con una comida informal como con una cena ligera: ensaladilla rusa, boquerones en vinagre, atadillo de clochina valenciana al cilantro… y los arroces y calderetas de Isabel Penella.

 La Jaima (Caños de Meca)

Ubicado frente a la costa atlántica gaditana, funciona todo el rato: aquí es posible empezar con una tapa a media mañana en su pequeña cervecería, para seguir (baño mediante) con una comida protagonizada por ortiguillas, salmorejo y paella, por ejemplo, y continuar con un ratito de sosiego sobre alguno de sus pufs entre alfombras de colores. ¿Y después? Después un Aperol Spritz durante la puesta de sol, música en directo y una cena representada por recetas internacionales. Su ambiente, libre y sin complejos, y el cruce de culturas que le sirve como fuente de inspiración redondean la experiencia.

La Cangreja (Playa de Galúa, La Manga del Mar Menor, Cartagena)

Cuando Ángel Sánchez de Val Rodríguez y José Miguel Cremades se embarcaron en este proyecto, hace nueve años, se negaron rotundamente a ofrecer exclusivamente copas y cervezas. Y aunque reconocen que entonces no poseían licencia, se estrenaron usando exclusivamente una tostadora y un grill. Las tostas que hacían entonces hoy ya no figuran en la carta, pero en su lugar ofrecen baos, tacos, quesadillas, hamburguesas… y, por supuesto, arroces.

Dabadaba Beach (Playa Ondarreta, San Sebastián)

La humilde caseta de rayas azules y blancas que en otro tiempo acogió al legendario chiringuito La Carpa es hoy Dabadaba Beach. Y a su vez, es aquí hasta donde se traslada el divertido espíritu de Dabadaba, a secas, una de las salas de conciertos más simbólicas de San Sebastián. Buena música, buen ambiente y mejor comida, todo sobre la arena de la playa de Ondarreta. ¿What else?

La Dorada de Plata (Almuñécar, Granada)

Francisco Mingorance es su dueño desde 1966, aunque él no tomó las riendas del negocio hasta hace 7 años. Fue entonces cuando dejó de trabajar como fotógrafo en National Geographic y comenzó a tomar comandas: lo que más triunfa entre la clientela son sus pescados salvajes de la zona elaborados de manera tradicional, cocinados en brasas de olivo. Poquitas mesas, servicio excelente.

MariCarmen Casa Playa (Málaga)

MariCarmen Casa Playa es uno de esos mágicos lugares difíciles (por no decir imposibles) de olvidar: aquí las preocupaciones, las prisas, el estrés y las malas vibraciones no tienen cabida. Sobre el mantel, platillos caseros y tradicionales que tontean con culinarias como la asiática (hay ensaladilla rusa «especial de la Maricarmen» con huevo frito, vieiras al pil pil malagueño con parmesano gratinado, nigiris, uramakis…). Marida esta experiencia con un sabor suave y refrescante: Aperol Spritz. ¿Su punto más? Su equipo siempre permanece en constante creación y hay muy buena música. De diez.

La Siesta (Jávea, Alicante)

Que sí, que es un chiringuito… pero cuenta con todos los lujos que cualquier buen restaurante o bodega pueden tener. Su carta es interminable y viaja del desayuno a la cena: hay sándwiches, bocadillos, ensaladas, tapas, entrantes, sushi, pizzas, pasta, pescados, carnes… Y, también, menú para los más pequeños de la casa.

Be Papagayo (Lanzarote)

Se erige sobre la playa que le da nombre, sobre un risco, con vistas al mar… y, por eso, es uno de los chiringuitos con más encanto de la isla. Aquí se viene a charlar con tus amigos, a disfrutar de la brisa marina después de estar horas bronceándote y, cómo no, a comer. ¿El qué? Arroces y pescados del día.

El Tabla Beach Club (Huelva)

Está ubicado en la Playa de la Canaleta de Punta Umbría, lleva más de 30 años en funcionamiento y su propietario, José Camacho, abre todo el año. ¿Sobre la mesa? Mariscos y pescados, que son, claro, su mayor reclamo. El buen ambiente acompaña, además de la música en directo.

La Bermutería de Beso Sitges (Sitges, Barcelona).

¿Quién no conoce a estas alturas de la película el mítico e instagrameable banco playero que reza «No hay verano sin beso»? Pertenece al Beso Beach de Formentera, un oasis que desde su apertura no ha dejado de causar sensación. De ahí que sus ideólogos decidieran plagiar el proyecto en nuevas localizaciones. El de Sitges forma parte del hotel ME Sitges Terramar y seduce a los clientes con propuestas gastronómicas de inspiración mediterránea y vasca (su plato estrella es el chuletón de 1 kilo con pimientos de padrón y patatas). ¿El ambiente? El mismo: vivo, distendido y divertido.

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