La artista surcoreana Lee Jimin (@leejiminwork), afincada en Seúl, altera el algoritmo cada vez que comparte una obra. Cada vez que saca a la luz una de sus esculturas 3D con las que transforma y descontextualiza los objetos cotidianos. En base a tejidos y estructuras lineales, recrea formas reconocibles utilizando únicamente delicadas estructuras que después cubre con fibras y tejidos, sin necesidad de rellenar su interior. El resultado son piezas ligeras, aparentemente frágiles, que mantienen el volumen y la silueta del objeto original.
Su expresión creativa se sitúa entre la escultura, el arte textil y la artesanía contemporánea, que convierte en los principales recursos para construir cada una de sus piezas. En ellas, las fibras se superponen sobre estructuras metálicas hasta generar superficies que reproducen la apariencia de vasos, alimentos o vajillas, esta vez, con una materialidad y un significado completamente diferentes.


Esta forma de trabajar responde a uno de los principales intereses de la artista: explorar la resistencia de las estructuras huecas. Sus esculturas mantienen su forma sin necesidad de contar con un volumen sólido en su interior. La ausencia de materia se convierte así en una parte fundamental de cada obra y permite que las piezas establezcan una relación diferente con el espacio, la luz y el espectador.
La artista también utiliza tejidos estampados para acercarse visualmente a los objetos que reproduce. El resultado mantiene detalles reconocibles, pero las características propias del tejido -su textura, transparencia, flexibilidad o diferencias cromáticas- hacen que la representación nunca sea completamente literal. Es precisamente esta distancia entre el objeto real y su interpretación la que define buena parte de su lenguaje artístico.


Los objetos relacionados con la comida y la vida doméstica ocupan un lugar central en su archivo. Tazas, vasos, alimentos y utensilios aparecen reinterpretados a través de esta técnica, vinculando el trabajo de Jimin con recuerdos y experiencias cotidianas. La artista ha explicado que algunas de sus obras nacen de sensaciones, sabores o situaciones concretas que permanecen en su memoria y que después transforma en piezas tridimensionales.
Uno de sus intereses recientes es precisamente investigar cómo un objeto cotidiano puede cambiar de significado cuando se modifica su materialidad. Un vaso sigue teniendo la misma silueta, pero al estar construido a partir de fibras y una estructura abierta deja de funcionar como un objeto utilitario y pasa a convertirse en una pieza escultórica. La artista juega así con aquello que reconocemos y con aquello que esperamos encontrar en el interior de cada forma.
Entre sus exposiciones recientes destaca ‘FAKERY‘, una panadería en la que hornea «pan falso» a partir de telas que reproducen la forma familiar del pan. «Aquí, el papel del pan cambia por un momento. El pan, que existía para comer, se convierte en un objeto para contemplar, y la mesa, que antes saciaba el estómago, se transforma en un espacio que sacia la mirada y la imaginación», reza la artista en Instagram.