La dieta de Donald Trump siempre ha suscitado polémica, como su persona y su discurso político. Con el fast food en el eje central de su alimentación, el republicano ha declarado en varias ocasiones su fanatismo por McDonald’s, llevándole incluso a adentrarse en la cocina de uno de sus establecimientos para “cocinar y servir” patatas fritas a los clientes. Ese discurso adictivo por la cadena quedaría retratado asimismo en el momento en el que pidió a la cocina de la Casa Blanca que recreara la comida de McDonald’s; aunque finalmente se conociese que ésta no ‘pudo igualar la satisfacción de la original’, según Annie Karni.
Al igual que el amor de Trump por McDonald’s, su menú preferido del restaurante también está documentado: dos Big Macs, dos sándwiches de Filete-O-Fish y un batido de chocolate pequeño. Un pedido recurrente que se volvió a sacar sobre la palestra en un nuevo artículo de The Wall Street Journal.

El 1 de enero el reportaje sobre el presidente se publicó para abrir el año, tratando de manera extensa y prolongada algunos asuntos políticos, sociales y personales en los que se hizo alusión directa a su dieta y a la “salud perfecta” de la que goza, según el propio presidente.
Resulta que, la dieta del presidente no ha cambiado; que resiste el paso del tiempo. Para abrir el debate, el periódico rescató del archivo una entrevista de octubre de 2025 con el presidente del Comité Nacional Republicano, Joe Gruters, en la que se refería a las ingentes cantidades de comida con las que se alimentaba Trump. En ella, Gruters puntualizó entonces en su pedido de patatas fritas, de un Filet-O-Fish, una Quarter Pounder y una Big Mac, diciendo que incluso llegó a comerse “dos de cada”, para sorpresa de nadie.