La revista Alcoholism: Clinical & Experimental Research ha publicado un estudio
que demuestra que la música alta de los bares incita a beber más en menos tiempo.

El experimento quería enseñar porque al escuchar música rápida se ingiere alcohol
a más velocidad, mientras que en un local de música chill out los efectos son
opuestos, provocando que los clientes permanezcan más tiempo con la misma
bebida.

Para llevarlo a cabo, el equipo de investigación de la Universidad de Bretagne-Sud se trasladó a los bares nocturnos franceses. Además, pidieron permiso para controlar el volumen de la música, mientras que registraban el consumo de 40 personas de entre 18 y 25 años – sin saber que estaban siendo observados-.

Concluyeron que a mayor volumen y ritmo musical, el consumo era más rápido, lo que acaba con los participantes en un despertar aún más sediento, la resaca.

También barajaron la hipótesis de que, cuando la música está a más decibelios,
esta produce un efecto animador en la gente, es decir, los espabila y los fuerza a
destensarse. O quizá se deba a la dificultad de hablar con alguien cuando tienes un
altavoz al lado…