Ayer a mediodía saltaban todas las alarmas cuando el Palacio de Buckingham anunciaba que la reina más longeva de la historia, Isabel II (Londres, 1926–2022, Escocia), permanecía bajo supervisión médica en su residencia de Balmoral. Muy pocas horas después, la Casa Real publicaba un escueto comunicado confirmando que «la reina había muerto en paz. El rey y la reina consorte permanecerán esta noche en Balmoral y volverán a Londres mañana». Hoy, el mundo entero llora la muerte de la mujer más poderosa del mundo, la única monarca en ‘bautizar’ a 15 primeros ministros.

Al parecer, la salud de la soberana empeoró el pasado martes. Sin embargo, a sus 96 años, Isabel siempre se mostró llena de vitalidad. Y puede que el secreto de su longevidad residiera en su dieta, una rutina alimenticia que seguía con el objetivo de alcanzar los 100 años de vida, según desveló a la revista Hello! hace unos años Darren McGrady, uno de sus chefs personales.

Té y galletas en el desayuno

¿Pero en qué consistía exactamente su «régimen»? Según apuntan los propios informes de McGrady, la reina mantenía una dieta saludable, que no estricta. Así, para iniciar el día, la soberana solía disfrutar de una taza de té Earl Grey, con poca leche y azúcar, acompañada de unas galletas. Sus favoritas, reveló el cocinero, eran las de Chocolate Bath Olivers, crujientes y cubiertas de chocolate. Una especie de pre-desayuno que continuaba, después, con cereales, yogur, tostas y mermelada, al parecer combinado todo ello con arenques, uno de sus pescados preferidos.

También pescado (con verduras) a la hora de comer

A la hora de comer, McGrady aseguraba que Isabel II solía pedir pescado con verduras (y como botón de muestra hacía alusión al lenguado con espinacas cocidas o calabacines). Eso, o bien otras recetas bien sencillas, a base de pollo y ensaladas, por ejemplo.

El icónico sándwich de pepino (o de mantequilla con mermelada de fresa), su merienda favorita

Eso sí, si había un bocado imprescindible en su día a día ese era, sin duda, el icónico sándwich de pepino. Isabel II los comía cada día en la hora del té, siempre con las puntas redondeadas (por aquella superstición de que las cosas afiladas desafían a la Corona). ¿Otro de sus favoritos? El de mantequilla con mermelada de fresa, fuera la hora que fuera.

Uno de los platos que más amaba: el filete con salsa de champiñones y whisky

De acuerdo con McGrady, el filete con salsa de champiñones y whisky era una de las fórmulas predilectas de la monarca a la hora de terminar la jornada. Según las declaraciones del chef, los filetes (por lo general, de res) eran salteados con mantequilla y champiñones y, una vez se alcanzaba su punto, se flameaban en una sartén con un poco de whisky.

Y alcohol, tres veces al día

Por último, y conforme recoge el libro ‘Larga vida a la reina’, el alcohol tenía cabida en su día a día en tres momentos: a primera hora de la mañana se tomaba un cóctel de ginebra, a mediodía un vaso de vino tinto y por la noche una copa de champán. Indiscutiblemente, un menú a la altura de la reina que ha pasado a la Historia como la tercera monarca más longeva en lucir la corona.

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