Hay muchos días que prefiero comer solo. Cansado de largas sobremesas.

Harto de conversaciones cruzadas cuando la mesa tiene más de seis comensales. Hay días que prefiero comer solo. Tardo menos. En quince minutos me he despachado. Pido menos. No me meto unas filloas entre pecho y espalda así, sin pensarlo. Y bebo menos, con una  copa de Rueda me apaño.

Pero hoy no. Hoy necesito compañía. Hoy quiero compartir la comida con alguien que me comprende. Alguien al que siento cerca. He invitado a comer a un amigo. Y así no como solo. Nos llevamos muy bien. Me entretiene mientras espero a que me traigan la carta de  vinos. Y me ayuda a recordar la etiqueta de ese Côtes du Jura de 2011 que me recomendó Carlos Muro, el sumiller de Akelarre, aquella mañana en la que casi lloro de emoción al probarlo mientras veía el Cantábrico brillar para mí.

Hoy no como solo. Es mi cumpleaños y he invitado a comer a mi iPhone. Y con él siento que hasta mastico mejor. ¡Hostia puta, que me atraganto! Se me está acabando la batería. ¡Camarero! ¡Camarero! Por favor… Consígame un cargador, le prometo una buena propina. Dígame que tiene un cargador… se lo suplico, que hoy, precisamente hoy, no quiero comer solo.

ANDRÉS RODRÍGUEZ
Editor y Director de Tapas
@ArodSpainMedia