Lifestyle

La alta costura comestible de Aprís

Cómo la food stylist de moda convierte objetos aleatorios en obras de arte devorables.

La comida de Alina Prokopenko se consume primero a través de los ojos. Un ordenador esculpido con mantequilla, un bolso City de Balenciaga o una camisa con corbata hechos con fondant: la estilista y diseñadora culinaria lleva la irreverencia a la mesa, configurando un universo comestible magnético que traspasa la pantalla.

Bajo la marca Aprís, la creativa ucraniana se ha convertido en un referente de la era online por su estética vanguardista y sus versiones de alta repostería de alimentos o postres como un tomate, un pepinillo o una tarta quemada; pero también de objetos domésticos como una televisión o un cenicero decadente hechos de pastel.

De la fotografía a la escultura

Alina se enamoró primero de la fotografía, antes que de la gastronomía. Dos disciplinas que acabaría fusionando bajo su filosofía disruptiva en las artes culinarias con la que crea postres conceptuales que desafían los límites de la percepción, sacándolos de contexto mediante el sarcasmo. Obras con las que explora temas como el inconsciente, los deseos ocultos y la sensualidad, según reza en su web.

El food couture elevado. La comida, como parte cada vez más integral del mundo de la moda, se confecciona aquí a través de la repostería de lujo como un medio con el que explorar una era impulsada por la tecnología. En base a esa visión, la diseñadora despliega una colección gigante de piezas para su propia marca y/o proyecto, y customiza otras para firmas de referencia dentro del sistema como Miu Miu o Valentino que desearíamos llevarnos a la boca.