El líder de Lcd Soundsystem inaugura The Four Horsemen, un local de Brooklyn donde los descorches saltan con tralla dance punk, ¿bailamos?

New York I love you but you’re bringing me down, repetía James Murphy en plan letanía melancólica y punk tras meter toda la electrotralla del mundo en Sound of silver, ese disco pluscuamperfecto con el que tanto saltamos en 2007. Han pasado ocho años desde entonces y al cantante de LCD Soundsystem le ha dado tiempo a colaborar en el Reflektor de Arcade Fire (cuyo líder, Win Butler, también se va de bares y de cafés, ver pág. 42), a editar The next day extra, álbum de coleccionista de su adorado David Bowie y, lo que más contentos nos ha puesto, a montar un restaurante y vinoteca en Brooklyn. El motivo lo resume él mismo, confirmando de paso que le va la caña y obviando que entre sus mejores amigos están los todopoderosos David Chang y René Redzepi: “Necesitaba montar algo con poco margen de beneficio, que supusiera un riesgo elevado, con horarios de trabajo brutales y en lo que no tuviera la más mínima experiencia”. El resultado se llama The Four Horsemen, un local para 40 comensales con una amplia bodega (160 referencias de momento, pero pronto llegarán a 350) en la que destacan los vinos naturales y una carta basada en el producto (lardo ibérico, foie, quesos, verduras de temporada…) creada por Nick Curtola (Franny’s).

De que la música suene sin ruidos ni reverberaciones y con un balance absolutamente embriagador se encarga, claro está, el propio Murphy, que resume su nueva aventura como “la peor idea jamás vista”. Si cree que con esta frase se nos van a quitar las ganas de ir (corriendo) a conocerlo… está muy equivocado.