Comerciantes, autoridades, clientes, cocineros, amigos y vecinos del barrio del Raval se disponían el año pasado, antes de que el coronavirus llegase a nuestras vidas, a celebrar los 180 años (ahí queda eso…) de historia del mercado más conocido de la ciudad condal. Al final, la crisis sanitaria impidió que se soplasen las velas (al menos como estaba planeado), pero el colorido laberinto de más de 2.500 metros cuadrados, donde turistas y locales han acudido durante años para encontrar toda clase de productos típicos, siempre ha sido y será una de esas paradas imprescindibles de la Rambla.

Sus inicios datan del siglo XIII, cuando se le llamaba mercado de Sant Josep, aunque fue en 1840 cuando se puso la primera piedra de lo que hoy es el mercado municipal. Entonces, vendedores ambulantes y campesinos de los pueblos de alrededor acudían para vender sus productos… pero, con el paso de los años, el espacio se considera prácticamente atracción turística.

Un sitio emblemático que, aunque actualmente no goza de la misma salud que años atrás (los estragos de la pandemia se notan, y más en negocios que dependen de la restauración), sigue siendo «un reflejo de Barcelona», como bien apunta Salvador Capdevila, quien después de más de dos décadas representando a los comerciantes de la Boqueria, se jubila. El histórico portavoz de la Junta se despide, a sus 79 años de edad, del singular mercado.

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